Ir al contenido principal

Minas del Tirol



Maclovia y Federico, o las minas del Tirol, es una novelita de la escritora francesa del siglo XVIII Louise Brayer de Saint-Léon. En España fue traducida y publicada por primera vez en Valencia en 1816, por Ildefonso Mompié, y gozó de varias reediciones en la primera mitad del siglo XIX. La historia se basa en una "anécdota verdadera", y tiene un claro sabor romántico. Maclovia es hija única del príncipe de B..., hombre próximo a la corte imperial de Viena. El príncipe de Spigmark, general del ejército, es el elegido por su padre para ser desposarse con Maclovia; pero Maclovia ama apasionadamente al joven conde Federico de Walberg. Aquí empiezan los problemas para Maclovia y Federico, cuyo amor habrá de salvar todo tipo de obstáculos y fatalidades. Hacia el final de la novela Federico es castigado y enviado a las minas del Tirol, donde es obligado a descender y trabajar en una "gruta infernal", a más de trescientos metros de profundidad:

"El gredoso terreno sobre que se andaba producía algunos ecos semejantes al ruido de los truenos, y los habitantes de aquella lúgubre mansión atemorizaban al corazón más osado. Su excesiva extenuación, sus hundidos y amortiguados ojos, sus vestidos ennegrecidos por los vapores mefíticos del mineral que sacaban continuamente de las entrañas de la tierra, presentaban el horrendo aspecto de las sombras del Tártaro, y cuando se acercaron a ver a su nuevo compañero, Federico no pudo evitar un movimiento de horror".

Aunque no se mencione el nombre de la mina, ni cuál era el mineral que se explotaba, es muy posible que la autora tuviese en mente alguno de los numerosos criaderos de cobre y plata que se encuentran en las dolomías devónicas de la zona de Schwaz-Brixxlegs, en el valle tirolés de Inntal. Esta área minera fue la mayor y más importante de Europa en su género durante toda la Edad Media; y, pese a que su rendimiento decayó fuertemente a partir del siglo XVII a consecuencia de la plata proviniente de América, en el XVIII aún funcionaban algunas de ellas.            

Comentarios

Entradas populares

Un milagro de san Salvador de Horta

"Dos casados vizcaínos traxeron desde aquel reino a Horta una hija, que era sorda y muda de nacimiento; y poniéndola a los pies del venerable Fray Salvador, les dixo que estuviesen ocho días en la Iglesia orando a Nuestra Señora, y que después hablaría la muchacha. Pasados quatro días habló, pero en lengua catalana, conformándose con el idioma del territorio en que estaba. Entonces viendo hablar a la muda gritaron todos: Milagro, milagro. Pero sus padres como no entendían aquella lengua estaban descontentos, y levantando la voz decían que ellos no querían, ni pedían, que hablase su hija lengua catalana, sino vizcaína; y fueron a Fray Salvador, que le quitase la lengua catalana y le diese la vizcaína. Él les respondió: Vosotros proseguid la oración de los ocho días, que yo también continuaré la mía. Y cumplidos los ocho días, delante de los muchos que concurrieron a ver la novedad, dixo: Amigo, la Virgen Santísima quiere que la niña hable catalán mientras esté en el reino de Catal…

Kerouac

Ayer se cumplieron cincuenta años de la muerte del escritor norteamericano Jack Kerouac, la gran estrella del firmamento beat. De hecho, el comienzo de la llamada "generación beat" puede datarse en 1957, al amparo de la publicación de su novela En la carretera y el lanzamiento del Sputnik por la Unión Soviética (de aquí la palabra beatnik que a partir de entonces definiría a los jóvenes rebeldes y disidentes culturales).
Se diría que el éxito mató a la generación beat prácticamente desde su inicio. De la noche a la mañana aspirantes a escritores considerados impublicables ocuparon las páginas de las revistas, fueron entrevistados en la radio e incluso salieron en televisión. El fenómeno fue fulgurante, pero duró poco. La cosecha fue escasa, pero auténtica. Sobre todo hubo poetas, muchos poetas. Narradores pocos, y que hayan quedado todavía menos: solo Kerouac y su mentor William S. Burroughs, aunque en rigor el autor de El almuerzo desnudo no pertenece a la misma "gene…

Portentosas lluvias

Según reza el subtítulo de Mil y una curiosidades (Barcelona, c. 1930) se trata de un "Archivo de cosas raras muy convenientes. Algo de todo. Noticias que no contiene ningún diccionario. Libro de utilidad y recreo. Agradable lectura para hombres y niños. Asuntos tratados sencillamente, sin alardes científicos ni pedantescos". Su autor, aunque no conste en la portada, fue el periodista y humorista aragonés Julio Víctor Tomey, autor, entre otras obras, de dos libritos cómicos: Cuadernicos baturros y Prosica baturra.
El volumen II de Mil y una curiosidades -que me facilitó mi amigo Josep Mª Sans- contiene un batiburrillo de noticias curiosas sobre diversos temas, desde el velocípedo al paragranizo pasando por el modo de ordeñar las vacas por medio de la electricidad. Incluye también referencias a algunos libros antiguos y raros, como Prodigiorum ac ostentorum chronicon, infolio publicado en Basilea en 1557, por "el sabio profesor de Heidelberg Teobaldo Wolffhar, que escri…