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Viaje en tren




"La locomotiva con un silbido anuncia á los pasageros que se aleja de la capital y que el tren deslizándose magestuosamente sobre el ferro-carril, corta los aires por el impulso del vapor, como el águila con el de sus alas; domina el viagero el espacio, por un lado el mediterráneo le presta estender la vista, interponiéndose desde el horizonte á su centro solo las naves que surcan las aguas plateadas, y por el otro se crreerá que la naturaleza y el arte estuvieron de acuerdo para atraerse la admiración de los hombres (...)
Por fin otro silbido anuncia no paseis mas allá, y el viagero como si dispertara de un dulce sueño, cree haber visto en un panorama una porción de jóvenes hermosas que con gracia contestaban á sus saludos y que al hallarse entre tinieblas en el paso del amor (1) sirvióle para descansar su vista y admirar de nuevo. Su reloj señala una hora mas que á su salida de Barcelona... duda si ha sido un sueño dorado lo que ha pasado por su imaginación..."

(1) Son muchos los que en el túnel de Mongat, le dan el nombre de paso del amor, desde que una señora, aprovechando la oscuridad que en él se experimenta, dejó sentir que sus labios daban una prueba de cariño al dueño de su corazón.

(J. Amich, Viage a Mataró con el ferro-carril, Imprenta de Tomás Gorchs, Barcelona, 1849)

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Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).