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Ser él


"No escribir como él, sino ser él: tomar su nombre, vivir su vida, amar a las mujeres -o a los hombres- que él ama, andar sus pasos, abrir sus ventanas, comprar en las mismas tiendas los mismos alimentos, peinar sus cabellos, vestir sus ropas, soñar sus sueños, llorar sus lágrimas, leer sus libros, reír sus risas, sufrir sus insomnios, viajar sus viajes, escribir sus obras, disfrutar sus éxitos, olvidar sus fracasos, temer sus miedos, envidiar lo que envidia, tropezar -si es el caso dos veces- en la misma piedra en que él tropieza, inventar su infancia, aborrecer su adolescencia, ir arrinconando su juventud en el trastero de la memoria, apurar su madurez como una copa de licor duro, aceptar su vejez como se acepta la llegada del día tras un descanso cruel, morir su muerte. Sí. para escribir sobre algunos temas hay veces en las que uno desearía ser tal o cual escritor. No escribir como él, sino ser él: tomar su nombre, vivir su vida..."

(Javier García Rodríguez, Barra americana, DVD Ediciones, Barcelona, 2011) 

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Presente continuo

Para una historia de la literatura, el único criterio de valor debe ser el presente, quiero decir, lo que justifica históricamente a un escritor no es su permanencia en el aire de los tiempos sino que su realidad es una especie de presente continuo que lo hace contemporáneo en algunas épocas y lo oscurece en otras. Porque para nadie, en ningún tuempo, hay valores absolutos.

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Luis Romero

Luis Romero (Barcelona, 1916-2009)  a principios de los años cincuenta.

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