Ir al contenido principal

Un escenógrafo en Egipto

"Charla junto a las Pirámides", dibujo de O. Junyent.

En la segunda década del siglo XX, Olegario Junyent realizó un viaje a Egipto fruto del cual fue el libro Viaje de un escenógrafo a Egipto, que fue publicado por la Unión Editorial Hispano-Americana en 1919, con prólogo de su amigo el pintor Miguel Utrillo. No deja de ser un libro de viajes bastante convencional, pero algunos de su apuntes, tanto gráficos como literarios, tienen un interés particular por ser la mirada de un artista y un profesional ante lo que podríamos calificar como la más grande y teatral escenografía arquitectónica del mundo.
Partiendo de Barcelona, vía Marsella, llega a Port Said y de allí se traslada por tierra a El Cairo. Luego tendrá tiempo de deleitarse con los templos de Luxor y Karnak, pese a ciertos inconvenientes: "Vamos por las antiguas rutas de Tebas. Las caravanas de turistas, caballeros en asnos trotadores, levantan nubes de polvo en la llanura que el Nilo inunda a trechos todos los años. Miles, millones de moscas nos asaltan, nos envuelven y persiguen. No hay manera de rehuirlas. La mosca de Europa es el colmo de la urbanidad en comparación con la mosca egipcia. Donde ésta se posa, allí se queda". Más tarde visita Memnonia, Assuán, Philae, las grandes pirámides... Sube a la pirámide de Keops -previo pago- "con agilidad extraordinaria. Y perdónenme esta falta de modestia". De vez en cuando se sienta y dibuja del natural. No es el único que lo hace. En una ocasión encuentra a una miss afanada en dibujar unas ruinas en escorzo: "Es la inglesa de siempre, la que encontramos en el tren, en el vapor y en los rincones más apartados del globo. Tan idénticas son, que he acabado por convencerme de que es una mujer única colocada por la casualidad en nuestro camino; ingeniosa artimaña de la pérfida Albión a fin de acreditar de artistas a las ciudadanas de su imperio. Es imposble que existan tantas inglesas aficionadas al arte, con el mismo canotier, la misma falda de alpaca azul, la misma blusa blanca, el mismo pescuezo largo y seco y el mismo estilo en dibujo y acuarela". O sea, como la mosca egipcia.


Comentarios

  1. Tiene gracia, la inglesa que refiere Junyent, ha conseguido la inmortalidad, o al menos una vida longeva sin perder la prestancia porque le aseguro que he visto a la solitaria, es intrépida por lo que no necesita ayuda de nadie, en lugares que sólo las cabras conocen. Y con una sonrisa impávida, pásmese. Y si yo estaba allí es porque iba con otros locos.
    Saludos.

    ResponderEliminar
  2. La larga tradición de inglesas intrépidas y viajeras continúa. he tenido ocasión de comprobarlo este verano.
    Saludos.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares

Mayo del 68: Una visión

"Estoy convencido de que de no haber sido bueno el tiempo reinante durante el mes de mayo, la revolución no se hubiera podido hacer. Quizás se hubiera reducido a unas cuantas escaramuzas. La lluvia y el frío suelen atenuar los ánimos revolucionarios más que ninguna otra cosa. Sé que esto podrá resultar cínico, pero yo creo que es verdad. La policía de París también compartía mi opinión.  Tengo entendido que los oficiales de la Prefectura se reunían todos los días para estar al corriente de los boletines meteorológicos." Quien así habla es el periodista Jack Hartley, narrador y uno de los protagonistas de la novela El alegre mes de mayo (1971), del escritor estadounidense James Jones.
No es el famoso autor de novelas como De aquí a la eternidad o Como un torrente un nombre que se suela asociar a los hechos de mayo de 1968. No obstante, fue uno de los pocos escritores norteamericanos que, a poco de suceder los hechos, decidió novelarlos. (Otro autor fue su compatriota Frank Y…

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).