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Caillois

Roger Caillois (1913-1978)

Roger Caillois fue un escritor atípico y de múltiples facetas. Surrealista del primer momento, su obra incluye aspectos sociológicos y antropológicos, si bien los campos en los que brilla de forma especial son los de lo imaginario y lo onírico. Pierres, publicada en 1966 (hay reciente versión al catalán: Pedres, en la editorial Días Contados, 2011, en traducción de Ramon Girbau), el autor francés nos presenta su particular visión del mundo mineral. En las características morfológicas y propiedades físicas de ágatas, jaspes, dendritas, septarias, concreciones silíceas, hematites iridiscentes, cuarzos, berilos, etc... halla Caillois no solo un peculiar microcosmos, sino un universo entero.
El autor de La escritura de las piedras (1970) nos habla de extraños especímenes de la antigüedad clásica, a medio camino entre el mundo inorgánico y el orgánico, como la piedra de Assos, en el Asia Menor, que es carnívora; la difia, que es hermafrodita; o la aetites, que se encuentra en los nidos de águila, y siempre de dos en dos, una macho y otra hembra. Y también, cómo no, de las no menos misteriosas de la China. Así, por ejemplo (utilizo la citada edición):
"Su Shi (1035-1101), uno de los más célebres poetas de los Song, asimismo pintor y prosista, ganador de los concursos imperiales de 1056 y miembro del Instituto de la Historia bajo el reinado de Yingzong, coleccionaba piedras. Su vida fue una sucesión de promociones y exilios, de éxitos y de desgracias. Escribió mucho sobre las formas de los acantilados, las cavernas, las piedras vacías y sonoras como las campanas. Contó, en una prosa que se tiene por incomparable, los paseos irreales que le encantaban en el sentido literal de la palabra (...) Había adquirido una piedra verde y blanca, que designó según el nombre de la montaña Chouchi de Gansu. En la cumbre se podía reconocer un lago (en miniatura) y un camino "sinuoso como los intestinos de una oveja". La piedra era al mismo tiempo una cueva y comunicaba con el primero de los Cielos-Caverna, el que se denomina Pureza del Vacío. Pero hacía falta sin duda, para llegar allí, haber sabido hacerse lo bastante pequeño para penetrar dentro de las cavidades de la piedra. Es privilegio de Inmortal".

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Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).