Ir al contenido principal

Homenaje a Cunqueiro

TRES DIABLOS DE VARIA FORTUNA

Istal

Diablo de alquiler. A él se le adjudica el incidente que tuvo lugar en Oviedo, y del que fue testigo el erudito P. Benito Jerónimo Feijoo. Fue el caso que corría por la capital del Principado la fama de una mujer endemoniada, la cual, según el vulgo, desarrollaba extraños poderes y airosos viajes por encima de los tejados de la ciudad. El prudente Feijoo, cotejando especies, hizo juicio resuelto y sentenció que aquella mujer debía ser una de las muchas embusteras que se fingen poseídas para turbación de sujetos poco instruidos. De modo que en cuanto tuvo ocasión, Feijoo pasó a probar la superchería y, tomando a la mujer por banda, la inundó de “exorcismos” dichos con gran prosopopeya y gesticulación declamatoria. Al punto que la mujer oyó la lengua de los curas, comenzó a proferir gritos, pidiendo Istal, por boca de la desgraciada, que cesaran ya las exhortaciones. De lo cual concluyó lógicamente el benedictino que no podía haber infestación genuina, antes bien camelo y del malo. Pero he aquí que, algunos testigos del suceso dijeron haber escuchado como si alguien dentro de la mujer musitara por lo bajinis, pero claramente: “Vas tu bueno, fraile sabelotodo, si piensas que con estas tosquedades arruinas los embustes y deshaces los engaños”, por lo que quedaron bastante mosqueados. Preguntóse con retranca Feijoo si no estaría detrás de ello su acérrimo impugnador D. Salvador José Mañer. Quién sabe.

Namrroel

Diablo transportista, parecido en funciones a Zequiel, pero más rápido. Se halla siempre preparado para transportar por los aires, en viajes relámpago, a su escogida clientela. Los viáticos corren a cargo del beneficiado.

Hubo un tiempo en que se creyó que fue Namrroel el diablo a cuyos lomos se vio volar una vez al beato Raban Mauro, abad de Fulda; y también al monje Gerberto de Aurillac quien, gracias a estos viajes, se dijo que había adquirido el arte de atraer las simpatías de los demás; lo que, en opinión de sus enemigos, mucho le habría de servir a la hora de ser elegido papa.

En cierta ocasión le sucedió al Namrroel que, cruzando velocísimo con mercancía la Europa central, le alcanzó oblicuamente un arcabuzazo, haciéndole tambalear y cayéndosele el cliente –nada menos que el misterioso herr Rosenkreutz- en medio del campo de batalla en el que peleaban encarnizadamente los de la Santa Liga Alemana de Maximiliano de Baviera contra los protestantes partidarios del elector palatino Federico, rey de Bohemia. Prendiéronle los protestantes y Rosenkreutz tuvo que hacer valer sus mañas para darles a entender que viajaba aéreo y neutral, en viaje privado de negocios a Damasco, y que pensaba regresar a Marburgo en el día, si el tiempo lo permitía. Hubo grandes risotadas. Desde entonces Namrroel dispone para sus pasajeros de cinturones de seguridad, garantizados.

Balbán

Diablo que, con otros de su especie, se hizo cargo de la joven Magdalena de la Cruz, religiosa del convento de Santa Clara, en Córdoba, a mediados del XVI. La infeliz Magdalena no se dio cuenta de la infestación de Balbán y compañía porque a su edad aun no estaba al tanto de estos asuntos. Magdalena solía macerarse los sentidos con rudísimas disciplinas: dormía en el suelo, oraba de continuo en incómodas posturas y ayunaba durante largos períodos en los que se alimentaba solo a base de obleas. Además, gozaba de arrobos místicos y tenía revelaciones.

Cuentan que un día, estando Magdalena en su celda, se le ocurrió hacer un agujero del tamaño de un guisante en la pared, y con asombro pudo contemplar el Viático que pasaba solemne por delante del templo de Santa Marina. Otros días vio otras cosas: el saco de Roma en tiempo de Clemente VII Médicis y la batalla de Pavía completa, con la prisión del Francés. Por fin, cuando el Balbán lo consideró oportuno se decidió a hablar por boca de Magdalena, atribuyéndose la paternidad de tanto prestigio. Fue reclamada por el tribunal del Santo Oficio y en el auto dictaron sentencia, condenando a la monja a permanecer emparedada por el resto de sus días. El caballero extremeño D. Luis de Zapata y de Chaves, de mozo y jineteando por las calles de Córdoba anejas al convento de sor Magdalena, la oyó sollozar tras las tapias de su prisión. De ello nos da Zapata cumplida relación en su variopinta Miscelánea.

(Texto de J. O. aparecido en el suplemento "El Cuaderno", de La Voz de Asturias, el 24 de diciembre de 2011)

Comentarios

  1. Es espléndido su homenaje además de completamente barroco por las peripecias descritas. Seguro que a Cunqueiro le habían interesado estos sucesos.

    Mis saludos.

    ResponderEliminar
  2. Es el mejor elogio que puedo recibir. Gracias.

    ResponderEliminar
  3. Grande, grandísimo Cunqueiro.
    Uno de mis maestros tutelares.
    Aquí http://eljuegodelataba.blogspot.com/2011/12/cunqueiro-centenario.html
    dejé mi pequeño homenaje el día de su centenario.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  4. Tomo nota, Elías, de tu enlace. Gracias.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares

Escribir o no escribir

Por lo tanto, escribir que se querría escribir, ya es escribir. Escribir que no se puede escribir, también es escribir. Una manera como cualquier otra de llevar a cabo el vuelco que da pie a tantos propósitos audaces: hacer de lo periférico el centro, de lo accesorio lo esencial y de la arenilla la piedra angular. Sabía por lo tanto lo que tenía que hacer: dar una especie de golpe de mano mediante el cual había que conseguir otorgar una existencia ficticia a unos libros que no existen realmente y, gracias a ello, conferir una existencia real al libro que trata de esos libros ficticios. Un proceder en suma que se asemeja al que conduce al cogito cartesiano: en el momento preciso de dar fe de mi ineptitud para la escritura me descubría a mí mismo escritor, y de la ausencia de mis obras fallidas se nutriría éste. Hermoso ejemplo de esa estrategia del quien-pierde-gana, de esa proeza dialéctica que convierte una acumulación de fracasos en un camino hacia el éxito. ¡No será que no nos han…

Políticos mejores y peores

P. ¿Queres decir que toda política es un juego sucio y que se la debería dejar en manos de los sinvergüenzas? ¿Te unes a la banda de los que dicen que el mundo sólo de salvará por un cambio del corazón? ¿Es eso?

R. No. Sólo digo que hoy los políticos dependen del apoyo de las masas, y que en consecuencia son representativos del hombre medio de su país y de su tiempo, a veces un poco mejores, a veces algo peores. Si fueran mucho mejores o mucho peores, no tendrían éxito, porque jamás serían aceptados por las masas (...) Esto significa que si estás muy por encima de la media en comprensión y sensibilidad, es probable que no seas capaz de hacer mucho políticamente, en el sentido estricto de la palabra, porque no tardarás en verte obligado a hacer cosas en las que realmente no crees, lo que significa que en la práctica fallarás, pues es imposible hacer bien algo si no se cree totalmente en lo que se está haciendo...

(W. H. Auden, El prolífico y el devorador. Traducción de Horacio Vázquez…

Luciérnagas en la noche

Eric Chapman contempló la esfera de su reloj de pulsera.
Se incorporó paseando por el amplio despacho. Se aproximó al ventanal. Desde allí se apreciaba una panorámica de la ciudad de Los Ángeles. Era como un gigante devorado por luciérnagas. Los destelleantes luminosos de neón dominaban la oscuridad de la noche.

(Adam Surray, El caso del cadáver secuestrado. Editorial Bruguera, 1982).