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William Goyen

William Goyen en Port Townsend, Washington, 1948

De todos los autores sureños que brillaron de forma especial en la segunda mitad del siglo XX, William Goyen (1915-1983) es uno de los más conspicuos, si bien es menos conocido que otros. La reciente publicación de La misma sangre y otros cuentos (La Compañía, 2011) puede muy bien servir a nuevos lectores de introducción a su peculiar obra.
Goyen nació en Trinity, Texas, -en su ficción, Charity-, y es en los escenarios de la parte oriental de este estado donde sitúa gran parte de sus fulgurantes narraciones. Su primera novela, La casa del aliento (1950), tuvo una gran acogida por parte de crítica y público, y mereció los honores de una traducción alemana del crítico Ernst Robert Curtius. Su segundo libro, la colección de espléndidos relatos Los fantasmas y la carne (1952), le reafirmó como uno de los más sobresalientes talentos de la generación de narradores americanos de la postguerra. Entre sus siguientes novelas destacan los títulos In a Farther Country (1955), The Fair Sister (1963) y Arcadio (1984), cuyo protagonista es un hermafrodita. También escribió obras dramáticas y poesía.
Los personajes de Goyen suelen ser individuos más o menos grotescos, de vidas trágicas, envueltos en situaciones estrambóticas. Elementos, todos ellos, característicos del llamado "gótico sureño". En La misma sangre, por ejemplo, encontramos unas hermanas barbudas, un hombre que tiene alojado en su muslo un gusano vivo y una negra blanca obispa de una secta. Sin embargo, y a pesar de su rareza, los protagonistas de Goyen representan, aunque de forma extrema, la mera sustancia de la condición humana.
"La vida entera -afirma Goyen por boca de uno de los personajes de Los fantasma y la carne- está dividida entre los espíritus y la carne. Nosotros, los humanos, somos en parte espíritu y en parte carne, pero diría que la parte del espíritu es la que más dura; las llamas llamean y se consumen, pero las cenizas quedan".

Comentarios

  1. Lo más recurrente para un escritor es la infancia y la juventud, los lugares donde descubrió algo del material de derribo con el que se construye la vida. Charity para Goyen o Morgana para Welty. Y sobre esas primeras experiencias se levantan obras en las que los lectores regresamos, también, a escenarios del pasado. Una cosa digna de investigación, proyecciones que se multiplican con cada nueva lectura. En fin, habrá que leer a Goyen.

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  2. Alguien dijo mi patria es mi infancia o algo parecido, y Goyen no escapa a ello. Leerlo es toda una experiencia.

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  3. Gracias por la información. Me recuerda un poco a su cuasi-coetáneo y compartidor de iniciales William Gaddis cuyo "Los reconocimientos" me había pasado inadvertido hasta el año pasado (lento que es uno)

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  4. Como suele decirse, Dr. J, nunca es tarde si la dicha es buena.

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  5. Gracias por el comentario. Abrazos, Juan

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  6. Gracias a vosotros por editar el libro.

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