Ir al contenido principal

Lovecraft

Howard Phillips Lovecraft (1890-1937)
H. P. Lovecraft era un gran aficionado a la química y a la astronomía; pero en su novela En las montañas de la locura (escrita en 1931 y publicada en 1936) son la geología y la paleontología las ciencias a las que da protagonismo. La obra trata de una expedición científica a la Antártida, organizada por la universidad de Miskatonic en Arkham, Massachusetts. El objetivo de la expedición, en palabras del jefe de la misma, el catedrático de geología de aquella universidad y narrador de la historia, era "procurarme algunas muestras de rocas y suelos de varias partes del territorio antártico, ayudado por la notable excavadora del Prof. H. Pabodie, de nuestro departamento de ingeniería." Llegados al continente austral a finales de 1930, los expedicionarios inician las perforaciones en las laderas del majestuoso monte Nansen. Encuentran granitos precámbricos y areniscas (1) con fósiles de invertebrados. En un esquisto metamórfico hallan impensablemente una especie de huella o estrías triangulares "intrigantes y provocativas". Una sección de la expedición, encabezada por el biólogo Lake, se dirige entonces hacia una cordillera de montañas, con imponentes picos de alrededor de 10.000 metros, como sacados de un sueño de lord Dunsany o de los paisajes de Nicholas Roerich. Divisan extrañas formaciones rocosas, de forma cúbica o prismática, y se topan con rocas de presumible edad jurásica y comanchiense (2). Una cueva calcárea subterránea encierra una gran acumulación de restos de vertebrados de varios períodos geológicos en aparente "continuidad órgánica". Sin embargo, el más sensacional descubrimiento es el de unos especímenes aparentemente fosilizados en forma de tonel, con alas y branquias, de más de dos metros de longitud, y con los tejidos y órganos interiores perfectamente conservados. A su lado, yacen unos objetos de esteatita de forma estrellada cuyas huellas coinciden con las halladas en los esquistos metamórficos. Cuando el jefe de la expedición llega finalmente al campamento del Dr. Lake, se encuentran con que todos sus componentes han perecido violentamente... No diré más. Quiénes son estas extrañas criaturas, no relacionadas con ningún sistema biológico conocido, es el misterio al que se enfrentarán los expedicionarios supervivientes. Unos seres que nos remiten a los ancestrales mitos de Cthulhu y a las Cosas Antiguas que aparececn mencionadas en el Necronomicon, del árabe loco Abdul Alhazrel... Seres de innominable, indescriptible horror. (1) En el original, Lovecraft escribe beacon sandstones. La arenisca Beacon es una formación rocosa de la Antártida, descrita por la expedición de Scott, que abarcaría del devónico al triásico. (2) Término obsoleto que vendría a designar una serie de terrenos correspondientes al cretácico inferior en Norteamérica.

Comentarios

  1. Lupo Ayllán y Sus Dementes30/3/11 10:24

    ¡ Ah !, Doctor , que agradecidos estamos . Gracias a la inspiración que proporciona su post he conseguido organizar una expedición pedagógica por el patio con mis compañeros de frenopático . Desentrañaremos los arcanos de la gravilla y la ciolita mientras releemos a Lovecraft.

    ResponderEliminar
  2. Que la expedición os sea propicia y, sobre todo, ¡guardaos de los entes antiguos!

    ResponderEliminar
  3. Dr.J: Buenas, soy nuevo por aquí. Aunque químico me costó mucho aprobar la geología (mineralogía y cristalografía) de primero. Quería recordar el maravilloso "El peor viaje del mundo" de A. Cherry-Garrard, superviviente de la expedición de Scott y que volvió a Inglaterra con un huevo de pingüino emperador.
    ¡Tiempos aquellos! Gracias y "enhorabuena por el pop-grama" como suelen decir

    ResponderEliminar
  4. Bienvenido, Dr. J. Espero que no le haya tomado tirria a la geología.
    Saludos.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares

Un milagro de san Salvador de Horta

"Dos casados vizcaínos traxeron desde aquel reino a Horta una hija, que era sorda y muda de nacimiento; y poniéndola a los pies del venerable Fray Salvador, les dixo que estuviesen ocho días en la Iglesia orando a Nuestra Señora, y que después hablaría la muchacha. Pasados quatro días habló, pero en lengua catalana, conformándose con el idioma del territorio en que estaba. Entonces viendo hablar a la muda gritaron todos: Milagro , milagro . Pero sus padres como no entendían aquella lengua estaban descontentos, y levantando la voz decían que ellos no querían, ni pedían, que hablase su hija lengua catalana, sino vizcaína; y fueron a Fray Salvador, que le quitase la lengua catalana y le diese la vizcaína. Él les respondió: Vosotros proseguid la oración de los ocho días, que yo también continuaré la mía . Y cumplidos los ocho días, delante de los muchos que concurrieron a ver la novedad, dixo: Amigo, la Virgen Santísima quiere que la niña hable catalán mientras esté en el reino de Cat

Camarero, ¿el ticket verde, por favor?

Sortear cosas es una de las formas de publicidad más antiguas. Pasan los años, cambia la sociedad, pero siguen las rifas. A mediados de los años cincuenta la Casa Caballero, dedicada a la fabricación de bebidas alcohólicas, entre ellas el popular DECANO ("Caballero... ¡qué coñac!"), ofreció siete grandes sorteos trimestrales en los que se se premiaron a los ganadores con 21 coches Renault, 21 Vespas y 105 carteras con dinero. Para dar publicidad a los sorteos se pusieron anuncios en periódicos y revistas y se enviaron tarjetas postales a domicilio. Y este era el reverso de una de estas postales en la que se indicaban las condiciones para participar en el sorteo. Nada de particular, solo que... ¿Qué clase de brebaje sería el "Licor ÑAÑAMBRUK" ¿Alguien lo recuerda? Más aún, ¿alguien lo llegó a probar?     

La duquesa, el francés y el orangután

En 1798 el rey Carlos IV decide nombrar a Pedro Alcántara Téllez-Girón, IX duque de Osuna,  embajador de España en Austria. Tras meses de preparativos, el duque parte de Madrid el 26 de enero de 1799 con su esposa, María Josefa Alonso Pimentel, XII condesa-duquesa de Benavente, y su numeroso séquito. El paso por Francia resulta azaroso, cuando no arriesgado, debido a la situación anárquica que vive el país vecino en aquellos días. En París se hospedan en el palacio de los duques del Infantado, en la calle de Florentin. Allí residirán casi un año, a la espera de poder proseguir el viaje hasta Viena. Pero ante las complicaciones de su misión y la cada vez más escasas posibilidades de llegar a su destino, el duque pide regresar a España. Tras recorrer los mismos malos caminos y malas posadas que en la ida, llegan a Madrid el 7 de enero de 1800. Entre las numerosas personas que los duques de Osuna tuvieron la oportunidad de tratar en aquel París bullicioso y abigarrado del Directori