Ir al contenido principal

Jovellana

Una jovellana, según ilustración de Juan Hernaz,
en La aventura botánica de Jovellanos, de Pachi Poncela


Hipólito Ruiz y José Antonio Pavón llevaron a cabo una importante expedición botánica por el virreinato del Perú entre los años 1777 y 1788. Inventariaron alrededor de 3.000 especies vegetales, 500 de ellas nuevas o desconocidas hasta el momento. Años después publicaron la Flora Peruviana et Chilensis (1798-1802), en cuatro volúmenes, obra en la que se describe un género nuevo, dedicado a Gaspar Melchor de Jovellanos.
Como dice Pachi Poncela en La aventura botánica de Jovellanos (Ayuntamiento de Gijón, 2010), la Jovellana punctata, Ruiz & Pav., vulgo capachito morado, "es un arbusto endémico del centro y sur de Chile, desde Arauco a Chiloé, tierra de los indios araucanos, de las hermosas selvas lluviosas valdivianas, y de los bosques de pehuén o Araucaria araucana." Y añade: "Necesita para desarrollarse bien algo de sombra, viviendo mejor debajo de los grandes árboles, que filtren la luz." ¿Una metáfora? Tal vez sí. O no.

Comentarios

  1. Desconocía este género de plantas dedicado a Jovellanos.
    Hace un par de años indagué en un proyecto con alumnos de mi instituto en los científicos andaluces que habían estudiado la flora del Nuevo Mundo, centrándonos en Nicolás Monardes, Bernabé Cobo y Celestino Mutis. Todos ellos, como Jovellanos, tienen un género de plantas dedicado: Monarda, Cobaea y Mutisia (puesto este por el gran Linneo), respectivamente.

    Saludos.

    ResponderEliminar
  2. No es frecuente que se dediquen plantas a los políticos, pero cuando Jovellanos fue ministro de Gracia y Justicia ayudó a que los resultados de la expedición de Ruiz y Pavón no quedaran olvidados y pudieran ver la luz; de aquí que le dedicaran un género nuevo.
    Saludos.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares

Número diabólico (y no es el 666)

He aquí el número diabólico: 142.857. Consiste en lo siguiente: multiplicado por 2 y por 3 las mismas cifras se producen en los dos productos. Veamos:

                                                            x 2 = 285.714
                                                            x 3 = 428.571

Multiplicado por 4, 5, 6 se obtendrán siempre las mismas cifras y siempre en el mismo orden. Sólo cambia la cifra de partida. Existe una excepción multiplicado por 7. Veamos:

                                        x 7 = 999.999 (seis veces la cifra nueve).

Este número diabólico multiplicado por 8, nos da siete cifras en lugar de seis. Total: 1.142.856, es decir que, sumando la primera y la última cifra de este producto, obtendremos aún las seis cifras del número diabólico. Continuando las multiplicaciones por 9, 10, 11, 12 y 13 y sumando la primera y la última cifra del producto, viene de nuevo a nuestros ojos el número diabólico. Llegado a 14 (dos veces siete) se obtiene: 1.999.998, es de…

Escribir o no escribir

Por lo tanto, escribir que se querría escribir, ya es escribir. Escribir que no se puede escribir, también es escribir. Una manera como cualquier otra de llevar a cabo el vuelco que da pie a tantos propósitos audaces: hacer de lo periférico el centro, de lo accesorio lo esencial y de la arenilla la piedra angular. Sabía por lo tanto lo que tenía que hacer: dar una especie de golpe de mano mediante el cual había que conseguir otorgar una existencia ficticia a unos libros que no existen realmente y, gracias a ello, conferir una existencia real al libro que trata de esos libros ficticios. Un proceder en suma que se asemeja al que conduce al cogito cartesiano: en el momento preciso de dar fe de mi ineptitud para la escritura me descubría a mí mismo escritor, y de la ausencia de mis obras fallidas se nutriría éste. Hermoso ejemplo de esa estrategia del quien-pierde-gana, de esa proeza dialéctica que convierte una acumulación de fracasos en un camino hacia el éxito. ¡No será que no nos han…