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Madame de Stael

Madame de Staël como Corinne
(retrato de Vigée-Lebrun)

La editorial Funambulista ha publicado Corinne o Italia, de Madame de Staël. Es una buena noticia, pues esta novela hacía tiempo que no se reeditaba y bien merece una lectura. Cuando se publicó en 1807 fue un succès d'escandale y le costó a su autora más de un problema. La novela -que cuenta los trágicos amores de Corinne, célebre poetisa, y el noble escocés Oswald, Lord Nelvil- ha sido interpretada como una de las primeras manifestaciones de la conciencia feminista.
Anne-Louise-Germaine de Staël-Holstein, née Necker, fue una escritora enormemente dotada, capaz de eclipsar a muchos de sus colegas varones y al tiempo seducirlos con su natural encanto e inteligencia. Fue una celebridad europea. Se casó, presidió un concurrido salon, tuvo tórridos romances -entre ellos con Benjamin Constant y el portugués Pedro de Souza Holstein, duque de Palmella, que le sirvió de modelo para el personaje de lord Nelvil- y gozó de gran prestigio con sus obras, en especial con la influyente De l'Allemagne.
En la biografía que le dedicó el marqués de Villa-Urrutia en 1930, se narra su muerte en París en 1817, a los 51 años, con delicados tonos: "La antevíspera de su muerte se hizo llevar en un sillón al jardín, y repartió, como recuerdo entre los suyos, su puñado de rosas. En la mañana del domingo 13 de julio sintió una crisis de opresión, a pesar de lo cual recibió varias visitas, entre ellas las del Duque de Orleans y la de Mathieu de Montmorency, que se retiró a las once de la noche más tranquilo. Adormitóse la enferma un par de horas, y pidió a Miss Randall, la inglesa que hacía años formaba parte de la familia y no se separaba de su lado, que le diera opio, porque quería dormir pesadamente y profundamente. Dióle Miss Randall la dosis acostumbrada, y el sueño se apoderó de la enferma y de la enfermera. Despertóse ésta a las cinco, y sintió que la mano de Mme. de Stael, que tenía ella en la suya, estaba helada y rígida."

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Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).