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Una lista

Ya sabemos que, como dijo el escritor Francis Marion Crawford, el libro es una marketable commodity. No hay más que ver ciertos productos y estrategias editoriales para corroborarlo. Aún así, hay libros y libros.
He aquí una lista de 20 obras que he leído en los últimos tres meses y que, por una razón u otra, merecen al pena:

Libro de maravillas, Lord Dunsany
Memorias de un esteta
, Harold Acton
La ciudad desplazada, José María Conget
La luz es más antigua que el amor, Ricardo Menéndez Salmón
Los once, Pierre Michon
La vida por la letra, Eugenio Torrecilla
Cold Spring Harbor, Richard Yates
Tocar los libros, Jesús Marchamalo
Bibliofrenia, Joaquín Rodríguez
Cuentos reunidos, Sherwood Anderson
Bajo el influjo del cometa, Jon Bilbao
La ciudad sumergida, José Carlos Llop
La hoja del gingko biloba, Miguel Rojo
La nieve y otros complementos circunstanciales, Xuan Bello
La responsabilidad empieza en los sueños, Delmore Schwartz
Todas las trivialidades, Logan Pearsall Smith
Leviatán o la ballena, Philip Hoare
El oro de Cajamarca, Jakob Wassermann
Seductores, ilustrados y visionarios, Josep Mª Castellet
Ilustrado, Miguel Syjuco

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Entradas populares

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).