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Una lista

Ya sabemos que, como dijo el escritor Francis Marion Crawford, el libro es una marketable commodity. No hay más que ver ciertos productos y estrategias editoriales para corroborarlo. Aún así, hay libros y libros.
He aquí una lista de 20 obras que he leído en los últimos tres meses y que, por una razón u otra, merecen al pena:

Libro de maravillas, Lord Dunsany
Memorias de un esteta
, Harold Acton
La ciudad desplazada, José María Conget
La luz es más antigua que el amor, Ricardo Menéndez Salmón
Los once, Pierre Michon
La vida por la letra, Eugenio Torrecilla
Cold Spring Harbor, Richard Yates
Tocar los libros, Jesús Marchamalo
Bibliofrenia, Joaquín Rodríguez
Cuentos reunidos, Sherwood Anderson
Bajo el influjo del cometa, Jon Bilbao
La ciudad sumergida, José Carlos Llop
La hoja del gingko biloba, Miguel Rojo
La nieve y otros complementos circunstanciales, Xuan Bello
La responsabilidad empieza en los sueños, Delmore Schwartz
Todas las trivialidades, Logan Pearsall Smith
Leviatán o la ballena, Philip Hoare
El oro de Cajamarca, Jakob Wassermann
Seductores, ilustrados y visionarios, Josep Mª Castellet
Ilustrado, Miguel Syjuco

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Número diabólico (y no es el 666)

He aquí el número diabólico: 142.857. Consiste en lo siguiente: multiplicado por 2 y por 3 las mismas cifras se producen en los dos productos. Veamos:

                                                            x 2 = 285.714
                                                            x 3 = 428.571

Multiplicado por 4, 5, 6 se obtendrán siempre las mismas cifras y siempre en el mismo orden. Sólo cambia la cifra de partida. Existe una excepción multiplicado por 7. Veamos:

                                        x 7 = 999.999 (seis veces la cifra nueve).

Este número diabólico multiplicado por 8, nos da siete cifras en lugar de seis. Total: 1.142.856, es decir que, sumando la primera y la última cifra de este producto, obtendremos aún las seis cifras del número diabólico. Continuando las multiplicaciones por 9, 10, 11, 12 y 13 y sumando la primera y la última cifra del producto, viene de nuevo a nuestros ojos el número diabólico. Llegado a 14 (dos veces siete) se obtiene: 1.999.998, es de…

Escribir o no escribir

Por lo tanto, escribir que se querría escribir, ya es escribir. Escribir que no se puede escribir, también es escribir. Una manera como cualquier otra de llevar a cabo el vuelco que da pie a tantos propósitos audaces: hacer de lo periférico el centro, de lo accesorio lo esencial y de la arenilla la piedra angular. Sabía por lo tanto lo que tenía que hacer: dar una especie de golpe de mano mediante el cual había que conseguir otorgar una existencia ficticia a unos libros que no existen realmente y, gracias a ello, conferir una existencia real al libro que trata de esos libros ficticios. Un proceder en suma que se asemeja al que conduce al cogito cartesiano: en el momento preciso de dar fe de mi ineptitud para la escritura me descubría a mí mismo escritor, y de la ausencia de mis obras fallidas se nutriría éste. Hermoso ejemplo de esa estrategia del quien-pierde-gana, de esa proeza dialéctica que convierte una acumulación de fracasos en un camino hacia el éxito. ¡No será que no nos han…