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Delvalle Lowry

Lámina de Conversations on Mineralogy (1822), de Delvalle Lowry

El siglo XVIII vio la vulgarización de la ciencia. Se escribieron libros y folletos con un claro propósito de acercar y popularizar los avances científicos que se estaban produciendo en las diversas ramas del saber. En los salones se hablaba de ciencia, y hombres y mujeres debatían sobre los últimos descubrimientos. Las mujeres no eran ajenas a este afán de conocimientos. A ellas en especial se dirigieron algunos célebres manuales, como Il newtonianismo per le dame (1737) de Francesco Algarotti o Chimica per le donne (1796) de Giuseppe Compagnoni.
A principios del siglo XIX mujeres instruidas tomaron el relevo. Conversations on Mineralogy (1822) lo escribió Miss Delvalle Lowry con apenas veintiún años. Se editó en Londres y Filadelfia el mismo año y tuvo un gran éxito de ventas a ambos lados del Atlántico.
A lo largo de dieciseis capítulos, correspondientes a otras tantas conversaciones, la señorita Lowry dialoga con una tal Frances sobre todo tipo de temas temas mineralógicos, sin obviar ningún aspecto por abstruso o árido que resulte.
En cuanto a contenidos sigue en general los tratados de mineralogía de Phillips, Bakewell y Mawe, si bien la clasificación de de los minerales que presenta difiere de las de los citados. El libro viene amenizado con ilustraciones de la propia autora, oficio que aprendió de su padre, el grabador Wilson Lowry. La mineralogía la aprendió de su madre Mrs. Rebecca Lowry, que daba clases particulares de esta especialidad en su casa de Titchfield Street.

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"Este texto es la historia del reencuentro con un autor que me ha acompañado con intermitencias durante cincuenta años, y cuya vida, personalidad y obra literaria me resultan especialmente fascinantes. Pero no es solo eso. En cierta forma Prokosch también es el pretexto para hablar de escritura y libros. Del oficio de escritor. Del éxito y del fracaso. De críticas y rechazos. De realidad y ficción. Del azar. De máscaras. Esto es, de vida y literatura."


Cuando se apaga la luz

"Ningún hombre es listo cuando una mujer apaga la luz".

(Barry Sullivan en Mujer inteligente, 1948, de Edward A. Blatt. Guion de Alvah Bessie y otros).

Diálogo entre un tirano y un poeta en torno a la literatura

-Bueno, a ver, ¿qué haces?
-Perdona, Schiavón, estaba pensando en voz alta.
-No, si por mí, puedes seguir.
-Le daba vueltas a la retórica.
-¿...?
-Es que yo entiendo que la literatura -y creo que todo es literatura- se nutre de tres componentes que, por orden de importancia, son: la retórica, la sensibilidad y la inteligencia.
-Desmenuza, por favor.
-Entiendo por retórica el dominio del lenguaje; por sensibiliodad, la capacidad de sorprenderse y fabular; por inteligencia el saber ordenar lo escrito.
-Arnaldo..., me da la sensación de que todos los que habláis de literatura decís excactamente lo mismo.
-Siempre se dice lo mismo.
-Entonces, ¿por qué estamos perdiendo el tiempo?
-Tú no ganas ni pierdes el tiempo.
-Bueno, era una forma de expresarme.
-Exactamente..., como todo. La literatura es el catálogo de las formas de expresarse.
-Luego... ¿todas las obras dicen lo mismo?
-Se diferencian en el número de palabras que necesitan para decirlo y en el orden que se establece entre ellas.