Ir al contenido principal

Fuegos fatuos en Manhattan


Nacido en Barcelona en 1905, Antonio Ruiz Vilaplana estudió Derecho, y tras aprobar las oposiciones a secretario judicial, obtuvo diferentes destinos. El alzamiento militar de julio de 1936 le sorprende en Burgos. Allí será testigo de la brutal represión por parte de los sublevados. En junio de 1937, hastiado de la opresiva situación huye a París donde publica Doy fe... Un año de actuación en la España nacionalista, excepcional testimonio de los hechos presenciados. Al finalizar la guerra se instala en Estados Unidos, donde se dedica al periodismo.
Destierro en Manhattan. Refugiados españoles en Norteamérica es un excepcional testimonio de aquellos años de exilio neoyorquino. Se publicó en México en 1945, y recientemente ha sido editado por primera vez en España por Zimerman Ediciones. El libro es de difícil clasificación, a medio camino entre la crónica y la autobiografía, y con un comienzo digno de novela negra:

10 de septiembre del año de 1940. Eran aproximadamente las seis de la tarde y yo me hallaba sentado en una de las mesas del bar Dempsey, en el corazón de Broadway. Lo que ocurría en aquella mesa a aquella hora y la decisión que allí iba yo a tomar, mientras melancólicamente apuraba un "Tom Collins", no podía tener importancia alguna...

Al principio del libro Ruiz Vilaplana cuenta su incursión en el mundillo del periodismo como redactor de noticias para la agencia Consoladated Press. Son páginas en las que nos muestra la manera de trabajar de los periodistas neoyorquinos de aquellos días, y en las que sorprende con anécdotas y semblanzas de personajes famosos, como la artista húngara Ilona Massey, la periodista cotilla Louella Parsons o la actriz de Hollywood Frances Farmer, a quien Ruiz Vilaplana acompaña en un taxi, entre sollozos, hasta el hotel:

Grande fue mi sorpresa cuando el encargado me dijo al verla: "No tiene habitación en este hotel".

Y me explicó que ella vivía en un piso particular, pero que con frecuencia, y siempre que tenía estos accesos de tristeza o crisis de pena, iba a dicho hotel, debido a que en él había pasado la luna de miel con su marido, del que se había divorciado recientemente.

A resultas de un reportaje sobre los emigrantes de Ellis Island, Ruiz Vilaplaban conoce a tres exiliados españoles, cuyas vicisitudes y penalidades de supervivientes en un Nueva York muy alejado de las luces de Broadway nos irá contando hasta el final del libro. En un momento determinado uno de estos españoles, llamado Orozco, dice:

-Esto es lo que nosotros todos somos -añadió-: fuegos fatuos. Nadie sabe por qué existen, pero existen, aparecen y desaparcen... La gente los ve, pero huye de ellos , no quieren su proximidad... saben que hay tales fuegos fatuos, pero es algo dramático y misterioso que existe solamente en las noches, en las lejanías de los pueblos; no tienen existencia real, sino una vida de reflejo y alucinante... Eso somos los expatriados, fuegos fatuos...

En 1945 Ruiz Vilaplana se traslada a México. A partir de entonces su pista se vuelve cada vez más tenue y borrosa. El olvido se espesa a su alrededor hasta el punto de no saberse dónde y cuándo murió. Andrés Trapiello le dedica en Las armas y las letras apenas un par de líneas.

Comentarios

  1. Gracias por el descubrimiento.
    Tiene muy buena pinta...

    ResponderEliminar
  2. ¿Cuántos escritores con una trayectoria vital y literaria interesantísima, están sepultados en la fosa común del olvido? Algunos quizás no tuvieron ni la pequeña satisfacción de publicar sus obras. Gracias por resucitarlos.

    ResponderEliminar
  3. Para mi fue realmente un descubrimiento; espero que también lo sea para ti, Conde Duque.
    Amaltea: La "fosa común del olvido" es, para los escritores, a la larga o a la corta, queramos o no, el último destino; salvo contadísimas excepciones. De modo que lo único que cabe esperar es que en el futuro, algún día, alguien nos "resucite".
    Saludos.

    ResponderEliminar
  4. Hay un conjunto de escritores que tuvieron que exiliarse -les iba la piel-, que produjeron una literatura no solo de denuncia si no de gran contenido y transcendencia literaria. Los silenció el exilio y poco a poco el tiempo ha ido olvidando.

    Agradezco que hayas traído Antonio Ruíz Vilaplana, un escritor vitalista, un gran escritor.
    Destaquemos también a Ernestina de Champourcín, Manuel Altolaguirre, José Bergamín, José Herrera Petere, Adolfo Sánchez Vázquez y Paco Ignacio Taibo

    Entre los que escribieron en catalán está mi admiradísimo Agustí Bartra y también Josep Pous i Pagès, Carles Riba, Anna Murià, Mercè Rodoreda, Antoni Rovira i Virgili, Clementina Arderiu, Joaquim Ruyra y un lago etc.

    A todos ellos nuestro recuerdo y admiración y a ti mi agradecimiento por recordarnos a Ruíz Vilaplana.

    Salud

    Francesc Cornadó

    ResponderEliminar
  5. ruiz vilaplana acabó sus años en Suiza, tuvo dos hijos (en segundas nupicas ya que cuando se fue de ESpaña dejo mujer y dos chiquillos)yo conozco un hijo suyo, al que conocí hace unos tres años, y que ahora rondará los 50 años

    ResponderEliminar
  6. Pablo, gracias por la información. Al fin, siempre se dejan pistas.

    ResponderEliminar
  7. Un secretario3/12/10 23:10

    Pablo, pues su libro Doy fe, acaba de ser reeditado en Burgos, con prefacio del Pérez Reverte. Ese hijo suyo aún tendría los derechos de autor, aunque poco suculentos. Soy medio burgalés y secretario judicial, ya que Vilaplana fue decano nacional del Cuerpo me gustaría contactar con ese hijo, quedando a su disposición para cuanto pudietra honrar su memoria. Y gracias, a don Jorge, por su maravillosa reseña de este otro libro recuperado ene este año.

    ResponderEliminar
  8. Pablo, en efecto sus familiares aún serían propietarios de los derechos de autor, pero no es nada sencillo saber quiénes son y dónde están. Te agradecería sobremanera que nos pudieras dar alguna pista más, soy coeditor de un libro de Ruiz Vilaplana. No sé si es correcto dejar aquí un correo, pero creo que la situación lo requiere, es raudet451@gmail.com. Gracias por anticipado y gracia a Jorge Ordaz por dedicar un tiempo a este autor.

    ResponderEliminar
  9. Anónimo6/3/11 20:41

    Soy familiar de el tal ensalzado hoy Ruiz Vilapalna.¿Alguien se ha tomado la molestia de averiguar que fue de la familia que llevó consigo y abandonó posteriormente en Francia?Todos ellos viven, menos su mujer, en España. Hay que ser más riguroso con la historia...Maria José

    ResponderEliminar
  10. Como dijo más arriba raudet451, los editores del "Destierro en Manhattan" hemos buscado a los herederos de ARV, recurrimos a Cedro y a la agencia mexicana, pero no hubo suerte. Si has podido leer el libro, hemos encontrado muchos más datos sobre ARV de los que había hasta hace apenas algo más de un año... de cinco o seis líneas hemos pasado a 3 folios. Y nos queda pendiente más labor de investigació Por eso, estaríamos deeando contactar contigo, María José, para hablar sobre lo que ocurrió con las familia de ARV (y de otros flecos más), así que si quieres ponte en contacto con raude451@gmail.com, o con antuan_1972@hotmail.com. Todo una alegría saber de ti. Un saludo, Antonio Pérez

    ResponderEliminar
  11. el secretario ut supra16/7/11 20:32

    Al familiar de ARV que pide más rigor y molestias. ¿Sería usted tan amable de falicitarnos datos suyos o del resto de familiares que el "ensalzado" ARV abandonó a su suerte...¿O prefiere mantenerse en el resentimiento y en el muy cómodo anonimato?

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares

Un milagro de san Salvador de Horta

"Dos casados vizcaínos traxeron desde aquel reino a Horta una hija, que era sorda y muda de nacimiento; y poniéndola a los pies del venerable Fray Salvador, les dixo que estuviesen ocho días en la Iglesia orando a Nuestra Señora, y que después hablaría la muchacha. Pasados quatro días habló, pero en lengua catalana, conformándose con el idioma del territorio en que estaba. Entonces viendo hablar a la muda gritaron todos: Milagro, milagro. Pero sus padres como no entendían aquella lengua estaban descontentos, y levantando la voz decían que ellos no querían, ni pedían, que hablase su hija lengua catalana, sino vizcaína; y fueron a Fray Salvador, que le quitase la lengua catalana y le diese la vizcaína. Él les respondió: Vosotros proseguid la oración de los ocho días, que yo también continuaré la mía. Y cumplidos los ocho días, delante de los muchos que concurrieron a ver la novedad, dixo: Amigo, la Virgen Santísima quiere que la niña hable catalán mientras esté en el reino de Catal…

Un poema de Muntañola

La noche es un árbol turbio que se enrreda en el árbol, es antracita antigua quemando la luz, es la piel más arcana del aire. El árbol lo sabe. Él bebe la noche.

(Esther Muntañola, Árbol. Ediciones Tigre de Papel, 2018).

De Anaïs Nin a Nicolás Guillén, con un interludio musical.

En los diarios tempranos de Anaïs Nin, escritos en los años veinte, el apellido Madriguera aparece en varias ocasiones. Paquita y Enric Madriguera eran dos hermanos catalanes, músicos precoces y amigos del compositor hispanocubano Joaquín Nin Castellanos, padre de Anaïs y de Joaquín Nin-Culmell, compositor como su padre. Ambos se alojaron en varias ocasiones en casa de Anaïs. Paquita fue una reconocida pianista, que más tarde se casaría con el guitarrista Andrés Segovia. Enric era violinista y tras empezar una prometedora carrera como intérprete clásico, al llegar Estados Unidos se pasó a la música moderna con gran éxito. Al frente de su banda se hizo famoso como compositor de canciones y bailables de ritmos latinoamericanos, compitiendo en este ámbito con su compatriota Xavier Cugat. El figuerense había empezado su carrera profesional en La Habana, donde se había criado y formado también como violinista.
Una de las canciones más recordadas de Enric Madriguera es "Adiós", co…