Ir al contenido principal

El regreso de Peyton Place

Grace Metalious (1924-1964)

Sin duda la publicación de algunas de las obras de Richard Yates, empezando porVía revolucionaria (1960) y terminando por Once maneras de sentirse solo (1962), ha avivado en nuestro país el interés por los años 50, una década que en Estados Unidos cuenta con un buen número de obras literarias memorables. Siguiendo esta línea de cierto revival, en los últimos meses se han publicado algunas novelas muy representativas de este periodo, tales como El hombre del traje gris (1955) de Sloan Wilson y Lo mejor de la vida (1958) de Rona Jaffe. Era solo cuestión de tiempo que se reeditase Peyton Place, como así ha sido.
La publicación en 1956 de la novela de Grace Metalious se convirtió en el asunto literario más sonado del momento, el libro pasó a ser el más vendido durante los meses siguientes y catapultó a la fama a su joven autora, hasta entonces una desconocida. Con posterioridad sería traducida a varios idiomas y vertida al cine y a la televisión, aunque debidamente edulcorada. En España, debido a problemas de censura, no sería publicada hasta 1982 por la editorial Bruguera. (Por cierto, la traducción, debida a Mª Teresa Segur Giralt, es la misma que ahora presenta la editorial Blackie Books)
Peyton Place refleja la vida en una pequeña ciudad de Nueva Inglaterra a través de varios personajes, sin hurtar miserias y debilidades humanas por sórdidas y escandalosas que resulten. Una de las protagonistas es Allison MacKenzie, una joven que aspira a convertirse en escritora y que finalmente lo logrará en su continuación, Regreso a Peyton Place (1958). En un momento de esta novela, Allison duda de su valía como escritora, y su editor le responde: "Deja de menospreciarte. No eres una escritora mediocre, y si lo fueras, no se te ocurriría decirlo. Los críticos se encargarían de ello".
Grace Metalious sabía de lo que hablaba, pues algo parecido vivió en primera persona. Tuvo a los críticos en contra, pero el público a favor. Seguramente hubiese deseado un poco más de equilibrio entre ambos sectores, pero nunca lo obtuvo. Irónicamente, en los últimos tiempos se han multiplicado desde el ámbito académico las valoraciones que reconocen en Metalious a una escritora nada desdeñable, que supo romper moldes y que con su franqueza y desparpajo abrió el camino a otros escritores.

Comentarios

  1. Me da un poco de vergüenza intervenir, porque se pone de manifiesto mi incultura literaria. Para mí, "Peyton Place" siempre había sido esa película con aire de culebrón, adocenada, que presentaba el caso terrible de la chica violada por su padre pero donde, al final, quedaba de manifiesto la bondad de la vida rural, lo maravillosa que era esa pequeña ciudad en la que todos se conocían. Algo así como el reverso dulce e idílico de "Calle Mayor", de Sinclair Lewis. Pero nunca hay que fiarse de las adaptaciones cinematográficas de Hollywood, que todo lo pervierten (¿ponemos más ejemplos?). Apetece leer la novela tras tu comentario. No es que busque una demolición de la vida en las sencillas ciudades pequeñas de los Estados Unidos pero parece que había algo más que el colorín peliculero (aunque, por cierto, la película es muy entretenida y el doctor es fantástico, tan buena persona... ¡Y el juicio! Me encantan las películas con juicios).
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  2. Tú lo has dicho. La imagen que se tiene de "Peyton Place" es más la de la película (aquí titulada "Vidas borrascosas", nada menos) o de la serie de televisión, ambas convenientemente "adaptadas", que de la novela. Ésta no deja de ser un melodrama puro y duro, pero es la primera vez que se saca a la luz con toda su crudeza el reverso oscuro de la "apacible" vida americana. Hoy ya no sorprenden sus audacias temáticas, pero en su momento supuso todo un revulsivo.

    ResponderEliminar
  3. Demente Anónimo , Lupo malo.15/6/10 11:13

    En El Club de Lecturas Sustraídas en Grandes Almacenes acabamos de comentar la biografía de C. Laforet de Anna Caballé. Aunque cogidos por los pelos del moño vemos ciertos paralelismos. Quizá donde Metalious se rebela y retrata con escarnio, Laforet los deja a todos helados con un suspiro abismal. Laforet sería canaria pero la zumbona y guasona parece Metaliouus.Los tópicos y los locos son así.

    ResponderEliminar
  4. ¿Laforet y Metalious? Aparentemente no encuentro semejanzas, pero la literatura genera extrañas conexiones...

    ResponderEliminar
  5. Lupo Ayllán y sus Dementes ...16/6/10 17:21

    Me explicaré mejor Dr. Ordaz. Ambas vivieron el éxito literario como una tragedia que arrasó sus vidas. Exagero , pero sólo un poco.Lo que está claro es que lo percibieron como responsable último de su fracaso vital.

    ResponderEliminar
  6. Es cierto, las dos no pudieron o no acertaron a asimilar el éxito. Llamativo: A Metalious le dio por los delirios etílicos, a Laforet por los delirios místicos.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares

Luis Romero

Luis Romero (Barcelona, 1916-2009)  a principios de los años cincuenta.

A Luis Romero -de quien este año se cumple el centenario de su nacimiento- le sorprendió la. concesión del Premio Eugenio Nadal de 1951 durante su estancia en Argentina. La Noria era su primera novela (antes había publicado un libro de poemas, Cuerda tensa, y otro de viajes, Tabernas) y describe un día de Barcelona a través de treinta y seis personajes, sin contar otros secundarios o menos relevantes. Ya en su día, Eugenio de Nora destacó la influencia técnica de La colmena de Camilo José Cela y de la traducción al castellano (por José Salas Subirat) de Ulises, de James Joyce. Ambas novelas, que habían sido publicadas en Argentina, estaban muy en boga. Yo añadiría otra posible influencia cinematográfica: La ronde (1950), de Max Ophüls, basada en la obra de Arthur Schnitzler.
La novela de Romero (reeditada recientemente por la editorial Comanegra) combina el realismo objetivista y el monólogo interior. Los personaje…

Café Peñalba, Oviedo

A aquellas horas, el café estaba completamente lleno. Se veía a los camareros pasar presurosos entre las mesas, llevando en alto las bandejas, cargadas de misteriosas mezclas rojas, lechosas, verdes, doradas, en las que destacaba intensamente la mancha amarilla cromo de una corteza de límón o el carmín de una guinda, que el barman, como un moderno alquimista, preparaba en su alegre laboratorio de botellas. Todos eran pálidos, fofos, y parecían llevar con un poco de cortedad sus smokings deslucidos, con las mangas brillantes por el uso, y el lazo de la corbata torcido, lacio, como un pájaro negro de alas caídas. Aquel café era una institución en la vieja ciudad y aquella hora del anochecer una de las más difíciles del servicio. Los ingenieros, los magistrados, los catedráticos de la Universidad y las gentes enriquecidas con el carbón y el hierro se reunían allí a merendar, y había que servirles escrupulosamente, procurando no cortar sus conversaciones al preguntarles qué deseaban o al…

Felicitación

Este blog desea a todos sus lectores lo mejor para el 2017.