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Benito el Negro

San Benito de Palermo (1526-1589)
(Grabado inserto en Compendio curioso del atlas abreviado,
de Ginés Campillo, 1758)

A San Benito de Palermo se le conocía con el sobrenombre de "el Negro" o "el Moro", porque era hijo de esclavos negros africanos. En el convento de Santa María de Jesús, de Palermo, Benito fue cocinero y maestro de novicios. Su sabiduría era innata y continuamente era consultado tanto por legos como por doctos.
El impresor Juan de San Martín, con taller en la madrileña calle de la Montera, dedicó al fraile palermitano, del que era muy devoto, la nueva edición del Compendio curioso del atlas abreviado, el que con mucha claridad da noticia de todo el Mundo, y cosas inventadas (1758), del licenciado Ginés Campillo, presbítero. En la dedicatoria se pueden leer, entre otras, las siguientes palabras:
"Poderoso, Noble, y Sabio fuisteis (¡oh maravilloso Negro mío!). Poderoso, por más despreciado; Noble, y grande, por más virtuoso; y Sabio, por más humilde (...) Nada estudiasteis, pero fue tan grande vuestra Ciencia que erais tenido por el Oráculo de Palermo; más que mucho, si habíais aprendido en la Escuela de la Divina sabiduría, y en la Cathedra de la humildad: por eso fuisteis tan Sabio y Erudito, porque fuisteis tan humilde, y abatido".

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Diálogo entre un tirano y un poeta en torno a la literatura

-Bueno, a ver, ¿qué haces?
-Perdona, Schiavón, estaba pensando en voz alta.
-No, si por mí, puedes seguir.
-Le daba vueltas a la retórica.
-¿...?
-Es que yo entiendo que la literatura -y creo que todo es literatura- se nutre de tres componentes que, por orden de importancia, son: la retórica, la sensibilidad y la inteligencia.
-Desmenuza, por favor.
-Entiendo por retórica el dominio del lenguaje; por sensibiliodad, la capacidad de sorprenderse y fabular; por inteligencia el saber ordenar lo escrito.
-Arnaldo..., me da la sensación de que todos los que habláis de literatura decís excactamente lo mismo.
-Siempre se dice lo mismo.
-Entonces, ¿por qué estamos perdiendo el tiempo?
-Tú no ganas ni pierdes el tiempo.
-Bueno, era una forma de expresarme.
-Exactamente..., como todo. La literatura es el catálogo de las formas de expresarse.
-Luego... ¿todas las obras dicen lo mismo?
-Se diferencian en el número de palabras que necesitan para decirlo y en el orden que se establece entre ellas.