Ir al contenido principal

Benito el Negro

San Benito de Palermo (1526-1589)
(Grabado inserto en Compendio curioso del atlas abreviado,
de Ginés Campillo, 1758)

A San Benito de Palermo se le conocía con el sobrenombre de "el Negro" o "el Moro", porque era hijo de esclavos negros africanos. En el convento de Santa María de Jesús, de Palermo, Benito fue cocinero y maestro de novicios. Su sabiduría era innata y continuamente era consultado tanto por legos como por doctos.
El impresor Juan de San Martín, con taller en la madrileña calle de la Montera, dedicó al fraile palermitano, del que era muy devoto, la nueva edición del Compendio curioso del atlas abreviado, el que con mucha claridad da noticia de todo el Mundo, y cosas inventadas (1758), del licenciado Ginés Campillo, presbítero. En la dedicatoria se pueden leer, entre otras, las siguientes palabras:
"Poderoso, Noble, y Sabio fuisteis (¡oh maravilloso Negro mío!). Poderoso, por más despreciado; Noble, y grande, por más virtuoso; y Sabio, por más humilde (...) Nada estudiasteis, pero fue tan grande vuestra Ciencia que erais tenido por el Oráculo de Palermo; más que mucho, si habíais aprendido en la Escuela de la Divina sabiduría, y en la Cathedra de la humildad: por eso fuisteis tan Sabio y Erudito, porque fuisteis tan humilde, y abatido".

Comentarios

Entradas populares

Un milagro de san Salvador de Horta

"Dos casados vizcaínos traxeron desde aquel reino a Horta una hija, que era sorda y muda de nacimiento; y poniéndola a los pies del venerable Fray Salvador, les dixo que estuviesen ocho días en la Iglesia orando a Nuestra Señora, y que después hablaría la muchacha. Pasados quatro días habló, pero en lengua catalana, conformándose con el idioma del territorio en que estaba. Entonces viendo hablar a la muda gritaron todos: Milagro , milagro . Pero sus padres como no entendían aquella lengua estaban descontentos, y levantando la voz decían que ellos no querían, ni pedían, que hablase su hija lengua catalana, sino vizcaína; y fueron a Fray Salvador, que le quitase la lengua catalana y le diese la vizcaína. Él les respondió: Vosotros proseguid la oración de los ocho días, que yo también continuaré la mía . Y cumplidos los ocho días, delante de los muchos que concurrieron a ver la novedad, dixo: Amigo, la Virgen Santísima quiere que la niña hable catalán mientras esté en el reino de Cat

Código de señales

Inmersos como estamos estos días en un clima espeso y desagrable de enfrentamientos, confrontaciones y choques de trenes, sería deseable que las partes en conficto aceptaran unas mínimas normas de conducta a fin de evitar daños innecesarios al resto de ciudadanos. Podrían atenerse, por ejemplo, al antiguo Reglamento de señales de la Red Nacional de los Ferrocarriles Españoles, publicado en 1949 en 1948 y que constituye un modelo de claridad y precisión.  Según dicho reglamento, lo primero y principal (Capítulo Primero, "Generalidades") consiste en que: Todos los agentes, cualquiera que sea su categoría, deben obediencia absoluta e inmediata a las señales.    Lo segundo, también de obligado cumplimiento, es la "marcha a la vista": La "marcha a la vista" impone al Maquinista la obligación de ir observando la vía con la máxima atención y de regular la velocidad del manera que pueda detenerlo ante cualquier obstáculo o señal de alto . Entre las señales más imp

Casa de postas

  El día 1 de enero de 1868 los hermanos Goncourt escriben en su Diario :  ¡Vamos, un nuevo año... Todavía una casa de postas, según la expresión de Byron, donde los destinos cambian de caballos! Y a esta casa de postas hemos llegado físicamente agotados, anímicamente hartos, con las mascarillas puestas y el distanciamiento obligado. Sin podernos saludar o abrazar como es debido y con todas las dudas del mundo acerca de lo que nos deparará el futuro más inmediato. Por desgracia, no estamos todos. Faltan viajeros. Porque a lo largo del camino nos han dejado seres queridos, familiares, amigos, a los que siempre echaremos de menos. A ellos nuestro recuerdo emocionado.    Aún así, aquí estamos. A la espera de que lleguen los caballos de refresco. Dispuestos a emprender un nuevo trayecto e impacientes por abandonar este año infausto que ahora termina. Eso sí, aferrados con firmeza a una vaga esperanza y deseando, con más fuerza que nunca, que el nuevo año sea mucho mejor y más saludable.