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El loro contrarrevolucionario

Un grupo de tricoteuses

En The Criminal Prosecution and Capital Punishment of Animals (1906) de E. P. Evans, se lee la siguiente noticia:
En 1792, en medio del reinado del Terror, un loro fue enjuiciado en París, acusado de actividades contrarrevolucionarias. Sucedió que en una concurrida calle el loro había gritado, al paso de un grupo de sansculottes, "¡Viva el Rey, vivan los curas, vivan los nobles!".
El loro y sus propietarias, dos nobles damas, fueron arrestados y llevados frente al tribunal revolucionario. En la sala, los magistrados trataron de persuadir al loro para que hablase, pero contrariamente a sus requerimientos el loro se limitó silbar con evidente desdén. Las dueñas del indiscreto pájaro, Madame Louise de Fiefville y Mademoiselle Françoise de Béthune, fueron primeramente amenazadas con la guillotina, pero luego obtuvieron el perdón por falta de pruebas.
El reaccionario loro fue sentenciado a readoctrinamiento político en manos de la ciudadana Le Bon, una de las tricoteuses que gustaban de sentarse junto al patíbulo y mofarse de las víctimas que se subían a él para ser guillotinadas. En su compañía el loro pronto aprendió a decir "¡Viva la Nación!", así como un nutrido repertorio de canciones canallas y soeces, que dejaron patidifusas a las dos nobles damas cuando el loro les fue devuelto para su cuidado.

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Entradas populares

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).