Ir al contenido principal

Mont Pelée

"Nube ardiente" producida por la erupción de 1902
del volcán Mont Pelée, en la Martinica.
(Foto tomada por Alfred Lacroix)

A las 8 de la mañana del día 8 de mayo de 1902 una estruendosa detonación se oyó en toda la isla caribeña de Martinica. Pocos minutos más tarde la capital Saint-Pierre quedaba destruida por un potente flujo piroclástico que descendió precipitadamente por la ladera del volcán Mont Pelée, situado a 7 kilómetros de distancia. Hubo 28.000 víctimas mortales y solo se salvaron muy pocas personas, entre ellas un preso que estaba en el calabozo.
El término "nube ardiente" fue introducido por el petrólogo y volcanólogo Alfred Lacroix, que visitó el lugar de los hechos al mes siguiente. Como consecuencia de la erupción un enorme domo o pitón de lava andesítica se elevó hasta una altura de casi 300 metros antes de venirse abajo y desparramarse en mil pedazos.
Muy probablemente, el escritor y viajero Patrick Leigh Fermor debió de tener presente esta violenta erupción cuando escribió la novela Los violines de Saint-Jacques (1953). La acción transcurre en la ficticia isla antillana de Saint-Jacques a finales del siglo XIX y principios del XX. Berthe, la protagonista, institutriz de una de las familias aristocráticas de la isla, se verá envuelta en una romántica intriga cuyo clímax tiene lugar en plena fiesta de martes de carnaval, al tiempo que el volcán Salpetrière explota en un torrente de lava y cenizas que lo arrasa todo. Como hiciera el Mont Pelée.

Comentarios

  1. mui util la informacion tuve que hacer un trabajo sobre volcanes y esta in formacion la coloque toda ya que me parecio mui iteresante les felicito por su trabajo.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares

Un milagro de san Salvador de Horta

"Dos casados vizcaínos traxeron desde aquel reino a Horta una hija, que era sorda y muda de nacimiento; y poniéndola a los pies del venerable Fray Salvador, les dixo que estuviesen ocho días en la Iglesia orando a Nuestra Señora, y que después hablaría la muchacha. Pasados quatro días habló, pero en lengua catalana, conformándose con el idioma del territorio en que estaba. Entonces viendo hablar a la muda gritaron todos: Milagro , milagro . Pero sus padres como no entendían aquella lengua estaban descontentos, y levantando la voz decían que ellos no querían, ni pedían, que hablase su hija lengua catalana, sino vizcaína; y fueron a Fray Salvador, que le quitase la lengua catalana y le diese la vizcaína. Él les respondió: Vosotros proseguid la oración de los ocho días, que yo también continuaré la mía . Y cumplidos los ocho días, delante de los muchos que concurrieron a ver la novedad, dixo: Amigo, la Virgen Santísima quiere que la niña hable catalán mientras esté en el reino de Cat

Código de señales

Inmersos como estamos estos días en un clima espeso y desagrable de enfrentamientos, confrontaciones y choques de trenes, sería deseable que las partes en conficto aceptaran unas mínimas normas de conducta a fin de evitar daños innecesarios al resto de ciudadanos. Podrían atenerse, por ejemplo, al antiguo Reglamento de señales de la Red Nacional de los Ferrocarriles Españoles, publicado en 1949 en 1948 y que constituye un modelo de claridad y precisión.  Según dicho reglamento, lo primero y principal (Capítulo Primero, "Generalidades") consiste en que: Todos los agentes, cualquiera que sea su categoría, deben obediencia absoluta e inmediata a las señales.    Lo segundo, también de obligado cumplimiento, es la "marcha a la vista": La "marcha a la vista" impone al Maquinista la obligación de ir observando la vía con la máxima atención y de regular la velocidad del manera que pueda detenerlo ante cualquier obstáculo o señal de alto . Entre las señales más imp

Casa de postas

  El día 1 de enero de 1868 los hermanos Goncourt escriben en su Diario :  ¡Vamos, un nuevo año... Todavía una casa de postas, según la expresión de Byron, donde los destinos cambian de caballos! Y a esta casa de postas hemos llegado físicamente agotados, anímicamente hartos, con las mascarillas puestas y el distanciamiento obligado. Sin podernos saludar o abrazar como es debido y con todas las dudas del mundo acerca de lo que nos deparará el futuro más inmediato. Por desgracia, no estamos todos. Faltan viajeros. Porque a lo largo del camino nos han dejado seres queridos, familiares, amigos, a los que siempre echaremos de menos. A ellos nuestro recuerdo emocionado.    Aún así, aquí estamos. A la espera de que lleguen los caballos de refresco. Dispuestos a emprender un nuevo trayecto e impacientes por abandonar este año infausto que ahora termina. Eso sí, aferrados con firmeza a una vaga esperanza y deseando, con más fuerza que nunca, que el nuevo año sea mucho mejor y más saludable.