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Raras materias escriptorias

"Antes, y después del siglo V, se ofrecen extrañas materias, en que alguna vez se ha escrito; pero no pueden con propiedad comprehenderse baxo la apelación de materia escriptoria, por no haber tenido Época de uso común, aunque latamente se tolere en algunas esa calidad. El Padre Mabillon la atribuye a las pieles de los Peces, alegando ciertos diplomas de distintos Soberanos, que vio Puricello escritos en ellas; Ulpiano a los libros de marfil; San Isidoro a los intestinos de Elefante, en cuyo número incluye Escalígero los libros Elefantinos de la Bibliotheca Ulpia; y podrían igualmente admitirse la Ilíade, y Odisea de Homero, escritas en aquel célebre intestino de Dragón, prolongado en ciento y veinte pies, que fue lastimosamente reducido a cenizas por León Isáurico, con la famosa Bibliotheca de Cosntantinopla; pero en todos estos, como en los libros de hojas de plata, cobre, y otros metales, (prescidiendo de meras inscripciones) tiene más parte la ostentación, o capricho, que la costumbre. Aún a los libros de texidos de seda no excluye de este concepto el Jurisconsulto Trotz. Un náugrafo describió su tempesta en la espalda de una Tortuga..."

(Josep de Mora, marqués de Llió: Observaciones sobre los principios elementales de la Historia, Real Academia de Buenas Letras de Barcelona, 1756)

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Escribir o no escribir

Por lo tanto, escribir que se querría escribir, ya es escribir. Escribir que no se puede escribir, también es escribir. Una manera como cualquier otra de llevar a cabo el vuelco que da pie a tantos propósitos audaces: hacer de lo periférico el centro, de lo accesorio lo esencial y de la arenilla la piedra angular. Sabía por lo tanto lo que tenía que hacer: dar una especie de golpe de mano mediante el cual había que conseguir otorgar una existencia ficticia a unos libros que no existen realmente y, gracias a ello, conferir una existencia real al libro que trata de esos libros ficticios. Un proceder en suma que se asemeja al que conduce al cogito cartesiano: en el momento preciso de dar fe de mi ineptitud para la escritura me descubría a mí mismo escritor, y de la ausencia de mis obras fallidas se nutriría éste. Hermoso ejemplo de esa estrategia del quien-pierde-gana, de esa proeza dialéctica que convierte una acumulación de fracasos en un camino hacia el éxito. ¡No será que no nos han…

Número diabólico (y no es el 666)

He aquí el número diabólico: 142.857. Consiste en lo siguiente: multiplicado por 2 y por 3 las mismas cifras se producen en los dos productos. Veamos:

                                                            x 2 = 285.714
                                                            x 3 = 428.571

Multiplicado por 4, 5, 6 se obtendrán siempre las mismas cifras y siempre en el mismo orden. Sólo cambia la cifra de partida. Existe una excepción multiplicado por 7. Veamos:

                                        x 7 = 999.999 (seis veces la cifra nueve).

Este número diabólico multiplicado por 8, nos da siete cifras en lugar de seis. Total: 1.142.856, es decir que, sumando la primera y la última cifra de este producto, obtendremos aún las seis cifras del número diabólico. Continuando las multiplicaciones por 9, 10, 11, 12 y 13 y sumando la primera y la última cifra del producto, viene de nuevo a nuestros ojos el número diabólico. Llegado a 14 (dos veces siete) se obtiene: 1.999.998, es de…