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Piedra escorsonera


En las cercanías de Villaviciosa a siete leguas de Oviedo dos hombres fueron mordidos por un lobo rabioso. El que estaba más mal parado acudió a D. Pedro de Pons, caballero de aquella villa, el que tanteó la aplicación de una piedra en cada una de sus heridas, y tuvo la dicha de quedar libre de la rabia sin hacer otro remedio alguno. El otro infeliz a quien no se aplicó, murió rabioso, siendo así que estaba mucho menos herido que el primero (...)
La criada de un cura tuvo un tumor rebelde en una rodilla, el que la inutilizó y fue despedida de la casa; cuando quiso la casualidad que fuese mordida por una víbora en el mismo punto en que tenía el tumor, y con la aplicación de la piedra no solo curó de la mordedura y sus efectos, sino que curó también perfectamente del tumor.

(El imán de los venenos, o sea Tratado de la piedra escorsonera o serpentina, su origen, aplicación, usos, etc., de Pablo Estorch y Siqués, Imprenta de los Herederos de la Viuda Pla, Barcelona, 1858)

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Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).