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Piedra escorsonera


En las cercanías de Villaviciosa a siete leguas de Oviedo dos hombres fueron mordidos por un lobo rabioso. El que estaba más mal parado acudió a D. Pedro de Pons, caballero de aquella villa, el que tanteó la aplicación de una piedra en cada una de sus heridas, y tuvo la dicha de quedar libre de la rabia sin hacer otro remedio alguno. El otro infeliz a quien no se aplicó, murió rabioso, siendo así que estaba mucho menos herido que el primero (...)
La criada de un cura tuvo un tumor rebelde en una rodilla, el que la inutilizó y fue despedida de la casa; cuando quiso la casualidad que fuese mordida por una víbora en el mismo punto en que tenía el tumor, y con la aplicación de la piedra no solo curó de la mordedura y sus efectos, sino que curó también perfectamente del tumor.

(El imán de los venenos, o sea Tratado de la piedra escorsonera o serpentina, su origen, aplicación, usos, etc., de Pablo Estorch y Siqués, Imprenta de los Herederos de la Viuda Pla, Barcelona, 1858)

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