Ir al contenido principal

Los años cincuenta, revisitados

La publicación el año pasado de Vía revolucionaria (1961) de Richard Yates y ahora la reedición de El hombre del traje gris (1955) de Sloan Wilson vuelven a poner de actualidad los años cincuenta del pasado siglo. De la novela de Yates vimos no hace mucho su adaptación al cine, realizada por Sam Mendes. De la novela de Wilson se hizo también una temprana versión cinematográfica, dirigida por Nunnally Johnson y protagonizada por Gregory Peck.
Frank y April Wheeler, los jóvenes protagonistas de Vía revolucionaria tienen muchos puntos en común con Tom y Betsy Rath de El hombre del traje gris. Todos ellos reflejan las contradicciones de la american way of life. Ambas parejas pertenecen a la clase media-alta, viven en urbanizaciones del extrarradio, en casas confortables con garaje donde guardan sus pontiacs o chevrolets. Los maridos trabajan como ejecutivos en grandes empresas de Nueva York. Las esposas son amas de casa que saben prepararles los dry martinis cuando llegan cansados de sus trabajos. Tienen hijos y parecen felices.
Sin embargo, detrás de esta luminosa fachada se oculta una realidad más oscura donde anidan los problemas: incomunicación, conformismo, insatisfacción, tortuosos recuerdos de la guerra, pérdida de valores... Es la otra cara del sueño americano. Las novelas de Yates y Wilson son, en este sentido, dos fieles radiografías de una sociedad y una forma de vida determinadas; dos miradas lúcidas y compasivas hacia una generación que le tocó vivir una época de opulencia y de temores.
En Estados Unidos los 50 son los años de las oportunidades de la era Eisenhower, del Hollywood glamuroso, de las charlas radiofónicas de Walter Winchell, del show de Lucille Ball en televisión, de los escándalos de Lolita de Nabokov y Peyton Place de Grace Metalious, de los beatniks y el rock and roll. Pero también son los años de la guerra fría, del anticomunismo, del maccarthysmo y de la discriminación racial.
Jonathan Franzen, en el prólogo a la presente edición de El hombre del traje gris (¿por qué no se ha aprovechado para traducir el título completo: El hombre del traje de franela gris?) apunta que “los años cincuenta fueron, al fin y al cabo, los que les dieron a los sesenta su idealismo. Y su rabia”. Estos años son ya historia; pero su recuerdo no solo no se ha desvanecido, sino que perdura con fuerza gracias a valiosos testimonios literarios de la época, como los de Wilson y Yates.

(Publicado en Literarias, revista de la Asociación de Escritores de Asturias, 10/06/09)

Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares

Un milagro de san Salvador de Horta

"Dos casados vizcaínos traxeron desde aquel reino a Horta una hija, que era sorda y muda de nacimiento; y poniéndola a los pies del venerable Fray Salvador, les dixo que estuviesen ocho días en la Iglesia orando a Nuestra Señora, y que después hablaría la muchacha. Pasados quatro días habló, pero en lengua catalana, conformándose con el idioma del territorio en que estaba. Entonces viendo hablar a la muda gritaron todos: Milagro , milagro . Pero sus padres como no entendían aquella lengua estaban descontentos, y levantando la voz decían que ellos no querían, ni pedían, que hablase su hija lengua catalana, sino vizcaína; y fueron a Fray Salvador, que le quitase la lengua catalana y le diese la vizcaína. Él les respondió: Vosotros proseguid la oración de los ocho días, que yo también continuaré la mía . Y cumplidos los ocho días, delante de los muchos que concurrieron a ver la novedad, dixo: Amigo, la Virgen Santísima quiere que la niña hable catalán mientras esté en el reino de Cat

La duquesa, el francés y el orangután

En 1798 el rey Carlos IV decide nombrar a Pedro Alcántara Téllez-Girón, IX duque de Osuna,  embajador de España en Austria. Tras meses de preparativos, el duque parte de Madrid el 26 de enero de 1799 con su esposa, María Josefa Alonso Pimentel, XII condesa-duquesa de Benavente, y su numeroso séquito. El paso por Francia resulta azaroso, cuando no arriesgado, debido a la situación anárquica que vive el país vecino en aquellos días. En París se hospedan en el palacio de los duques del Infantado, en la calle de Florentin. Allí residirán casi un año, a la espera de poder proseguir el viaje hasta Viena. Pero ante las complicaciones de su misión y la cada vez más escasas posibilidades de llegar a su destino, el duque pide regresar a España. Tras recorrer los mismos malos caminos y malas posadas que en la ida, llegan a Madrid el 7 de enero de 1800. Entre las numerosas personas que los duques de Osuna tuvieron la oportunidad de tratar en aquel París bullicioso y abigarrado del Directori

Camarero, ¿el ticket verde, por favor?

Sortear cosas es una de las formas de publicidad más antiguas. Pasan los años, cambia la sociedad, pero siguen las rifas. A mediados de los años cincuenta la Casa Caballero, dedicada a la fabricación de bebidas alcohólicas, entre ellas el popular DECANO ("Caballero... ¡qué coñac!"), ofreció siete grandes sorteos trimestrales en los que se se premiaron a los ganadores con 21 coches Renault, 21 Vespas y 105 carteras con dinero. Para dar publicidad a los sorteos se pusieron anuncios en periódicos y revistas y se enviaron tarjetas postales a domicilio. Y este era el reverso de una de estas postales en la que se indicaban las condiciones para participar en el sorteo. Nada de particular, solo que... ¿Qué clase de brebaje sería el "Licor ÑAÑAMBRUK" ¿Alguien lo recuerda? Más aún, ¿alguien lo llegó a probar?