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Adams y King

Clarence King en California, hacia 1864
(Foto: U.S. Geological Survey)

La educación de Henry Adams es uno de los más importantes libros autobiográficos de la literatura norteamericana. Su autor, Henry Brooks Adams (1838-1918), educado en Harvard, fue un historiador, filósofo y crítico de arte de gran talla intelectual. Amplió estudios en Europa, y durante su estancia en Londres entró en contacto con Charles Lyell y su obra, haciendo una reseña de sus Principios de Geología. El uniformitarismo de Lyell contribuyó a forjar, junto con el evolucionismo de Darwin, las ideas de Adams sobre la historia y desarrollo de la humanidad.
De vuelta a su país, Adams conoció a otro geólogo, Clarence King (1842-1901), que más tarde sería el primer director del U. S. Geological Survey y al que se refiere en varias ocasiones en el mencionado libro. King era un hombre de gran talento y dotes organizativas, mitad explorador, mitad científico y, según J. C. Levenson, "posiblemente el mejor conversador del país". Enseguida entró a formar parte del selecto círculo de amistades de Adams, conocido por "El cinco de corazones". En 1871 Adams llegó a acompañar a King en la expedición del Paralelo 40, que acabaría siendo fundamental para el conocimiento de la geología de Estados Unidos.
La amistad de Adams con King se mantuvo hasta los últimos años de la vida de éste, en los que, debido a una sucesión de acontecimientos (entre ellos su matrimonio, bajo identidad falsa, con una mujer afroamericana) su estrella se fue apagando hasta conducirle a un declive físico, mental y financiero. En palabras de Adams, Clarence King era "el mejor y más brillante hombre de su generación", que también era la suya.

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Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).