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Un poema de Rosenthal

TRES PARA KENNETH FEARING

1

Cuando la luz gris del amanecer
destroza los cristales de la ventana
y todos se han ido a casa
y tú das vueltas
mirando las botellas vacías
de una mesa
preguntándote si deberías
cepillarte los dientes o irte a la cama

¿por qué aún estás pendiente
del teléfono?
¿De verdad crees que
una nube de polvo de estrellas
brillará sobre ti?
¿Qué esperanzas famélicas
aún se aferran a los límites
de tu pensamiento?


2

"¿Cómo se dice -ya sabes-
cuando te quedas sin trabajo y el casero te echa
y acabas durmiendo en el coche y no
tienes nada que comer y un día apareces
en una iglesia donde un tipo te dijo que
allí reparten comida gratis?"

"A eso se le solía llamar estar en la miseria
y comer de beneficiencia."


3

Hablando de poetas de los años treinta
es habitual decir: "Vieron que una
gran guerra se avecinaba y
no pudieron hacer nada para evitarla. Les atormentaba
como un insoportable dolor de cabeza geopolítico."

Dentro de cincuenta años, ¿quién
dirá eso de nosotros?
Quiero decir, ¿quién coño quedará
para decir eso de nosotros?

(Este poema pertenece al libro Loves of the Poets, de David H. Rosenthal, New York, 1989. Traducción: Ana Torres Canadell)

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Nuevo libro

"Este texto es la historia del reencuentro con un autor que me ha acompañado con intermitencias durante cincuenta años, y cuya vida, personalidad y obra literaria me resultan especialmente fascinantes. Pero no es solo eso. En cierta forma Prokosch también es el pretexto para hablar de escritura y libros. Del oficio de escritor. Del éxito y del fracaso. De críticas y rechazos. De realidad y ficción. Del azar. De máscaras. Esto es, de vida y literatura."


Cuando se apaga la luz

"Ningún hombre es listo cuando una mujer apaga la luz".

(Barry Sullivan en Mujer inteligente, 1948, de Edward A. Blatt. Guion de Alvah Bessie y otros).

Diálogo entre un tirano y un poeta en torno a la literatura

-Bueno, a ver, ¿qué haces?
-Perdona, Schiavón, estaba pensando en voz alta.
-No, si por mí, puedes seguir.
-Le daba vueltas a la retórica.
-¿...?
-Es que yo entiendo que la literatura -y creo que todo es literatura- se nutre de tres componentes que, por orden de importancia, son: la retórica, la sensibilidad y la inteligencia.
-Desmenuza, por favor.
-Entiendo por retórica el dominio del lenguaje; por sensibiliodad, la capacidad de sorprenderse y fabular; por inteligencia el saber ordenar lo escrito.
-Arnaldo..., me da la sensación de que todos los que habláis de literatura decís excactamente lo mismo.
-Siempre se dice lo mismo.
-Entonces, ¿por qué estamos perdiendo el tiempo?
-Tú no ganas ni pierdes el tiempo.
-Bueno, era una forma de expresarme.
-Exactamente..., como todo. La literatura es el catálogo de las formas de expresarse.
-Luego... ¿todas las obras dicen lo mismo?
-Se diferencian en el número de palabras que necesitan para decirlo y en el orden que se establece entre ellas.