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Un poema de Rosenthal

TRES PARA KENNETH FEARING

1

Cuando la luz gris del amanecer
destroza los cristales de la ventana
y todos se han ido a casa
y tú das vueltas
mirando las botellas vacías
de una mesa
preguntándote si deberías
cepillarte los dientes o irte a la cama

¿por qué aún estás pendiente
del teléfono?
¿De verdad crees que
una nube de polvo de estrellas
brillará sobre ti?
¿Qué esperanzas famélicas
aún se aferran a los límites
de tu pensamiento?


2

"¿Cómo se dice -ya sabes-
cuando te quedas sin trabajo y el casero te echa
y acabas durmiendo en el coche y no
tienes nada que comer y un día apareces
en una iglesia donde un tipo te dijo que
allí reparten comida gratis?"

"A eso se le solía llamar estar en la miseria
y comer de beneficiencia."


3

Hablando de poetas de los años treinta
es habitual decir: "Vieron que una
gran guerra se avecinaba y
no pudieron hacer nada para evitarla. Les atormentaba
como un insoportable dolor de cabeza geopolítico."

Dentro de cincuenta años, ¿quién
dirá eso de nosotros?
Quiero decir, ¿quién coño quedará
para decir eso de nosotros?

(Este poema pertenece al libro Loves of the Poets, de David H. Rosenthal, New York, 1989. Traducción: Ana Torres Canadell)

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Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).