Ir al contenido principal

Piezas fugitivas

En la novela Piezas en fuga (1996) de la escritora canadiense Anne Michaels -cuya poesía ha traducido Jaime Priede-, uno de los protagonistas es un geólogo griego, de la isla de Zakynthos, llamado Athanasius (Athos) Roussos. Athos salva a Jakob Beer, un niño judío de un pueblo de Polonia que durante la Segunda Guerra Mundial ha evitado la deportación semienterrándose en el fango. Athos le cuidará, se lo llevará primero a su isla y luego a Canadá y le enseñará a ser un hombre.
La especialidad de Athos es la paleobotánica. Tiene predilección por la turba, la caliza y la madera arqueológica. Le fascina la Antártida y siente devoción por los geólogos de la expedición de Scott: Frank Debenham y Griffith Taylor. También le gusta la poesía griega. A Jakob le instruye acerca de la historia geológica de la Tierra, y le muestra Toronto como si fuera un corte geológico.
"A menudo -nos dice Michaels de Athos- aplicaba lo geológico a lo humano, analizando el cambio social como si fuera un paisaje: persuasión lenta y catástrofe. Explosiones, inundaciones, glaciación. Él construía su propia topografía histórica". En otra ocasión le dice a Jakob: "¿Qué es un hombre que no tiene paisaje? Nada sino espejos y mareas".

Comentarios

  1. Apreciado Jorge…
    He llegado a este espacio sin saber muy bien el camino seguido. El caso es que una vez aquí, la sorpresa ha sido grata al descubrir el tema tratado y como no, esa pequeña joya dedicada a Conrad.
    La acabo de imprimir y formara parte de biblioteca. Exigua por el momento. (Viajo constantemente y el espacio de mi camarote es mínimo)
    Seguiré apareciendo por aquí. Leer reflexiones y compartirlas es un buen ejercicio para quienes pensamos que las letras sirven para algo más que articular palabras.
    Un fuerte abrazo.
    Gracias por el obsequio.

    ResponderEliminar
  2. Gracias, Jan, por tus palabras y bienvenido a este pequeño espacio literario.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares

Criterion

  Sin lugar a dudas, The Criterion , fundado y editado por T. S. Eliot en 1922, es una de las mejores revistas literarias británicas del siglo XX. La nómina de colaboradores que tuvo este magazine trimestral, hasta su último número publicado en 1939, conforma un catálogo bastante representativo de lo más granado de la intelectualidad, no solo británica, del período de entreguerras. En sus páginas escribieron luminarias como Pound, Yeats, Proust o Valéry, por citar solo cuatro.   El primer número de The Criterion , salido en octubre de aquel annus mirabilis , es realmente impactante y marca el sello característico de su editor, expresado a través de sus "Commentary"; a saber, la compatibilidad entre una ideología ideología católica y conservadora y una defensa a ultranza de la vanguardia modernista. En este ya mítico número 1, se incluye, por ejemplo, la primera aparición en letra impresa de The Waste Land de Eliot, y la crítica encomiástica de Valéry Larbaud del Ulises, de

Escritura y moral

  La primera obligación de un escritor es tratar todos los temas con la más elevada, la más digna y la más valiente de las disposiciones (...) El espíritu con el que se aborda un tema, un ingrediente relevante en cualquier tipo de literatura, es de absoluta importancia si hablamos de obras de ficción, reflexión o poesía, pues ahí no solo da color, sino que de por sí elige los hechos; no solo modifica, sino que conforma a la obra (...) No rechazamos una obra maestra aunque estemos preparados para detectar sus defectos; sobre todo, no nos preocupa encontrar sus defectos, sino sus méritos: Por supuesto no hay libro perfecto, ni siquiera en su concepción, pero no hay duda de que hay muchos que hacen disfrutar al lector, que le hacen mejorar en su vida o que le levantan el espíritu (...) En literatura, como en todo lo que hacemos, nunca podemos esperar la perfección. Lo único que cabe es hacer todo lo posible  porque así sea, y para ello solo hay una regla: lo que pueda hacerse despacio no

Johnson

Se cumplen 300 años del nacimiento de Samuel Johnson, un escritor tan enorme que por sí solo da nombre a toda una época de la literatura inglesa. Para festejar el aniversario nada mejor que leer alguna de sus obras, o adentrarse en la excepcional Vida de Samuel Johnson , doctor en Leyes , de James Boswell. Por mi parte aprovecho la ocasión para reproducir -ahora con ilustración incluida- la entrada que publiqué en este blog el 2 de marzo de 2007: "El otro vi, tuve en mis manos, una primera edición de Rasselas . Me incliné y la adoré." Así empieza Hilaire Belloc -este lado menos conocido del entrañable monstruo Chesterbelloc- una memorable reseña, recogida en Short Talks with the Dead (1928), de la novela de Samuel Johnson. Historia de Rasselas, príncipe de Abisinia se publicó en 1759 -el mismo año del Candide , de Voltaire, con el que a veces ha sido comparada- y es no sólo uno de los mejores libros del Doctor, sino uno de los más deliciosos productos literarios del siglo XV