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Becke


Probablemente ningún escritor haya descrito mejor la vida en los mares del Sur, a finales del siglo XIX, como el australiano Louis Becke. Nacido en Port Macquarie (Nueva Gales del Sur) en 1855 su vida parece entresacada de alguno de sus relatos de aventuras. Sobrecargo en un mercante con solo dieciocho años, Becke se dedicará, a partir de entonces, a viajar por los más alejados rincones del Pacífico. Es comerciante en varios archipiélagos (incluido el de Nueva Bretaña, donde los indígenas tenían fama de caníbales); hace contrabando; naufraga con el pirata" Bully" Hayes en los arrecifes de Kusaïe (Carolinas) y conoce a los temibles blackbearders (individuos que raptaban a nativos para venderlos luego como esclavos en las plantaciones coloniales). Con el tiempo se convierte en un experto en lenguas y culturas de la Polinesia y Micronesia.
A los 38 años, casado y con problemas económicos, escribe para el periódico Sydney Bulletin historias basadas en sus experiencias. Su primer libro es By Reef and Palms (1894), al que seguirán The Ebbing of the Tide (1896) y Pacific Tales (1897). Su éxito llega a Londres, donde algunos críticos hablan del "Stevenson australiano" o el "Kipling del Pacífico". El conde de Pembroke, que prologó la edición inglesa de sus dos primeros libros, dijo de Becke que era "uno de los escasos hombres que han llevado una vida muy salvaje y tienen la cultura y el talento necesarios para dar cuenta de ella."
En sus relatos Becke describe la vida en las islas no con tonos idílicos, sino como era en realidad: dura y con pocos romanticismos. Pueblan estos falsos paraísos aventureros, factores, vagabundos, raqueros; gentes curtidas regidas por un código moral muy distinto al exquisito mundo "civilizado". Entre sus personajes destaca el sobrecargo Tom Denison, alter ego del propio Becke, que aparece en varios de sus relatos y, en cierto modo, anticipa al Marlow de Conrad.
Becke nunca llegó a ser aceptado del todo por la establishment literario. Su obra es la de un outsider. La popularidad de Becke declinó en cuanto los barcos de vela dieron paso a los de vapor y las tradicionales formas de vida isleñas empezaron a cambiar. Enfermo de cáncer, debilitado por la malaria, arruinado y asediado por los acreedores, Becke, que se había separado primero de su mujer y luego de su amante, buscó refugio en el alcohol y en la escritura. Fue encontrado muerto en la habitación de un hotelucho en Sydney, el 18 de febrero de 1913.

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Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).