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Fombombo

A mi Hugo Chávez me recuerda a Fombombo.
El general venezolano Adriano Fombombo, un líder revolucionario que se ha hecho fuerte en el estado de Río Negro, es uno de los protagonistas de la novela Fombombo (1923), del escritor norteamericano, nacido en Tennesee, T. S. Stribling (1881-1965). En la novela, Fombombo es descrito como un caudillo populista, jactancioso, megalómano, cruel y mujeriego. "Yo me apropio de los bienes de la gente por el bien del pueblo… justo como hace cualquier otro gobierno”, le dice a su antagonista, un viajante de armas estadounidense. Preso de sus delirios de grandeza, Fombombo acabará mal. Otro militar, un antiguo colaborador suyo, tomará el relevo…
En la novela, sale también su esposa Mercedes, una joven catalana muy religiosa, que iba para monja y acabó, para su desgracia, casándose con el general. La Señora deambula compungida por el palacio del dictador con hábito morado de penitente, resignada a las infidelidades de Fombombo con su amante Madruja. Para aliviar sus penas, de vez en cuando Mercedes lee a Benavente. ¿Improbable? Bueno, es ficción; pero si tenemos en cuenta que al presidente Chávez se le ha atribuido un romance con la modelo Naomi Campbell, nada es improbable.
Y a todo esto, ¿qué fue de Thomas Sigismund Stribling? En los años veinte y treinta del pasado siglo era un brillante escritor de éxito, aclamado por la crítica y considerado uno de los grandes autores del renacimiento literario del Sur. En 1933 ganó el premio Pulitzer con The Store. A pesar de su popularidad, sus paisanos sureños no le veían con buenos ojos porque, decían, era demasiado crítico con ellos. Su última novela, la que hacía el número catorce, data de 1938. A partir de entonces solo escribiría historias de detectives para revistas de misterio. En los años cuarenta dejó de publicar. Tras su muerte se encontraron tres novelas manuscritas y una autobiografía, Laughing Stock, que se editaría póstumamente en 1982. Para entonces el recuerdo de Stribling era ya alarmantemente vago. Su nombre ni siquiera aparecía en The Concise Oxford Companion to American Literature. La verdad, no somos nadie.

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Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).