Ir al contenido principal

El viaje más geológico de Verne

Con motivo del Año Internacional del Planeta Tierra me propongo dedicar, bajo la etiqueta de "Geoletras", algunas entradas de este blog a glosar relaciones entre la geología y la literatura, buscando aspectos, obras y personajes que, de alguna forma, tengan que ver con ambas actividades. Para empezar, me detendré en uno de los autores que más provecho supo sacar de las ciencias geológicas para sus obras de ficción: Julio Verne.
Sin duda Viaje al centro de la Tierra no es solo una de las mejores obras del escritor francés, sino la más “geológica”. Publicada por el editor Hetzel en 1864, como segunda entrega de la serie “Viajes extraordinarios”, su argumento es un disparate desde el punto de vista científico; lo que hace que uno de los méritos de la novela radique precisamente en hacer verosímil al lector la fantasía del viaje imposible al interior de nuestro planeta. Verne era un gran aficionado a la ciencia y estaba al día de los avances científicos. Para escribir Viaje al centro de la Tierra consultó obras de geólogos, paleontólogos y mineralogistas. En el libro, el profesor Liddenbrock está familiarizado con las obras de Humphry Davy (cuya hipótesis sobre la naturaleza del centro de la Tierra es asumida por el profesor), Becquerel, Humboldt, Blumenbach y Sainte–Claire Deville. Seguramente, a la hora de documentarse, Verne debió de leer, también, a Audouin, Milne-Edwards, Beudant, Elie de Beaumont y, especialmente, La Terre avant le Deluge (1863), del divulgador Louis Figuier, cuyos detallistas grabados de Riou sobre paisajes de pasadas eras geológicas debieron de excitar la imaginación de Verne a la hora de describir las maravillas del mundo subterráneo.
En Viaje al centro de la Tierra Verne diserta sobre la geología de Islandia y cita bibliografía sobre la misma: Olafsen, Povelsen, el mapa de Olsen, la expedición de Gaimard y Robert…El viaje hacia las profundidades terrestres se estructura como un corte estratigráfico, un descenso a los "terrenos primitivos", y Verne aprovecha para hacer gala de conocimientos petrográficos. En concreto, menciona los siguientes tipos de roca: basalto, traquita, toba volcánica, piedra pómez, conglomerado, caliza, arenisca, pizarra, granito, sienita, esquisto, micasquisto, gneis, pórfido y trapp. En cuanto a especies fósiles cita: megaterio, dinoterio, mastodonte, mamut, pterychtis, ictiosario, plesiosaurio, gliptodonte, leptoterio, protopiteco, lycoperdon, pterodáctilo, anoploterio, lofodonte, mericoterio, licopodios y sigillarias. La aparición, en el capítulo 33, de impresionantes animales extintos es un claro precedente de El mundo perdido (1912) de Sir Arthur Conan Doyle y otras narraciones con monstruos antediluvianos. Mención especial merece la digresión, en el capítulo 38, sobre el “hombre fósil”, primera referencia en la ficción literaria, que yo recuerde, a restos fósiles humanos, como los hallados hacía unos veinte años en Abbeville por Jacques Boucher de Crèvecoeur de Perthes, y que en su momento suscitaron una gran polémica sobre su atribución y antigüedad.

Comentarios

  1. Aguardo más "geoletras"... debes de tener un cajón lleno de estupendas anécdotas e historias... no dejes de compartirlas... Gracias y un abrazo.

    ResponderEliminar
  2. Pues sí, espero publicar un par o tres de ellas al mes. Al menos esta es mi intención.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares

Nuevo libro

"Este texto es la historia del reencuentro con un autor que me ha acompañado con intermitencias durante cincuenta años, y cuya vida, personalidad y obra literaria me resultan especialmente fascinantes. Pero no es solo eso. En cierta forma Prokosch también es el pretexto para hablar de escritura y libros. Del oficio de escritor. Del éxito y del fracaso. De críticas y rechazos. De realidad y ficción. Del azar. De máscaras. Esto es, de vida y literatura."


Mayo del 68: Una visión

"Estoy convencido de que de no haber sido bueno el tiempo reinante durante el mes de mayo, la revolución no se hubiera podido hacer. Quizás se hubiera reducido a unas cuantas escaramuzas. La lluvia y el frío suelen atenuar los ánimos revolucionarios más que ninguna otra cosa. Sé que esto podrá resultar cínico, pero yo creo que es verdad. La policía de París también compartía mi opinión.  Tengo entendido que los oficiales de la Prefectura se reunían todos los días para estar al corriente de los boletines meteorológicos." Quien así habla es el periodista Jack Hartley, narrador y uno de los protagonistas de la novela El alegre mes de mayo (1971), del escritor estadounidense James Jones.
No es el famoso autor de novelas como De aquí a la eternidad o Como un torrente un nombre que se suela asociar a los hechos de mayo de 1968. No obstante, fue uno de los pocos escritores norteamericanos que, a poco de suceder los hechos, decidió novelarlos. (Otro autor fue su compatriota Frank Y…

Diálogo entre un tirano y un poeta en torno a la literatura

-Bueno, a ver, ¿qué haces?
-Perdona, Schiavón, estaba pensando en voz alta.
-No, si por mí, puedes seguir.
-Le daba vueltas a la retórica.
-¿...?
-Es que yo entiendo que la literatura -y creo que todo es literatura- se nutre de tres componentes que, por orden de importancia, son: la retórica, la sensibilidad y la inteligencia.
-Desmenuza, por favor.
-Entiendo por retórica el dominio del lenguaje; por sensibiliodad, la capacidad de sorprenderse y fabular; por inteligencia el saber ordenar lo escrito.
-Arnaldo..., me da la sensación de que todos los que habláis de literatura decís excactamente lo mismo.
-Siempre se dice lo mismo.
-Entonces, ¿por qué estamos perdiendo el tiempo?
-Tú no ganas ni pierdes el tiempo.
-Bueno, era una forma de expresarme.
-Exactamente..., como todo. La literatura es el catálogo de las formas de expresarse.
-Luego... ¿todas las obras dicen lo mismo?
-Se diferencian en el número de palabras que necesitan para decirlo y en el orden que se establece entre ellas.