Ir al contenido principal

Críticos quisquillosos

Cuando veo a estos críticos literarios fastidiosos, guardianes de la lengua, puristas acérrimos, siempre dispuestos a corregir en las obras de los demás la más pequeña falta gramatical o desliz sintáctico, me viene a la mente aquel tipo de la Barcelona ochocentista llamado Salvador Estrada. Según testimonios de la época, el tal Estrada era conocido por no soportar el menor error en el lenguaje. Según cuenta Antonio R. Dalmau en Tipos populares de Barcelona (1945), cierto día, en un almacén delante de su casa apareció un letrero que decía: Frabica de belas de sevo. Estrada protestó ante el dueño por tamaño desaguisado lingüístico, pero éste lo echó con cajas destempladas. A Estrada, desesperado, no le quedó más remedio que ¡mudarse de piso!
En otra ocasión Estrada se comprometió a escribir una obra en un castellano tan puro…”que no la entendería nadie” Y la escribió, representándose en la Sociedad El Fénix en 1851. Fue un fracaso, pero consiguió su propósito. Uno de sus trozos decía:

¡Válgame Dios! No sé cómo
de entre las manos se esculle
por ensalbo el bullebulle
de Sofí. No bien me asomo
a alguna fenestra, o asgo
la leyenda de oro, o rezo,
o al espejo me aderezo,
de puro ya voló el trasgo.

El implacable Estrada era el temor de los pintores de rótulos callejeros. En cuanto observaba un disparate no cejaba hasta verlo enmendado. Llegó, incluso, a pagar de su bolsillo las correcciones. A decir verdad, a tanto no llegan nuestros críticos quisquillosos.

Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares

Criterion

  Sin lugar a dudas, The Criterion , fundado y editado por T. S. Eliot en 1922, es una de las mejores revistas literarias británicas del siglo XX. La nómina de colaboradores que tuvo este magazine trimestral, hasta su último número publicado en 1939, conforma un catálogo bastante representativo de lo más granado de la intelectualidad, no solo británica, del período de entreguerras. En sus páginas escribieron luminarias como Pound, Yeats, Proust o Valéry, por citar solo cuatro.   El primer número de The Criterion , salido en octubre de aquel annus mirabilis , es realmente impactante y marca el sello característico de su editor, expresado a través de sus "Commentary"; a saber, la compatibilidad entre una ideología ideología católica y conservadora y una defensa a ultranza de la vanguardia modernista. En este ya mítico número 1, se incluye, por ejemplo, la primera aparición en letra impresa de The Waste Land de Eliot, y la crítica encomiástica de Valéry Larbaud del Ulises, de

Escritura y moral

  La primera obligación de un escritor es tratar todos los temas con la más elevada, la más digna y la más valiente de las disposiciones (...) El espíritu con el que se aborda un tema, un ingrediente relevante en cualquier tipo de literatura, es de absoluta importancia si hablamos de obras de ficción, reflexión o poesía, pues ahí no solo da color, sino que de por sí elige los hechos; no solo modifica, sino que conforma a la obra (...) No rechazamos una obra maestra aunque estemos preparados para detectar sus defectos; sobre todo, no nos preocupa encontrar sus defectos, sino sus méritos: Por supuesto no hay libro perfecto, ni siquiera en su concepción, pero no hay duda de que hay muchos que hacen disfrutar al lector, que le hacen mejorar en su vida o que le levantan el espíritu (...) En literatura, como en todo lo que hacemos, nunca podemos esperar la perfección. Lo único que cabe es hacer todo lo posible  porque así sea, y para ello solo hay una regla: lo que pueda hacerse despacio no

Johnson

Se cumplen 300 años del nacimiento de Samuel Johnson, un escritor tan enorme que por sí solo da nombre a toda una época de la literatura inglesa. Para festejar el aniversario nada mejor que leer alguna de sus obras, o adentrarse en la excepcional Vida de Samuel Johnson , doctor en Leyes , de James Boswell. Por mi parte aprovecho la ocasión para reproducir -ahora con ilustración incluida- la entrada que publiqué en este blog el 2 de marzo de 2007: "El otro vi, tuve en mis manos, una primera edición de Rasselas . Me incliné y la adoré." Así empieza Hilaire Belloc -este lado menos conocido del entrañable monstruo Chesterbelloc- una memorable reseña, recogida en Short Talks with the Dead (1928), de la novela de Samuel Johnson. Historia de Rasselas, príncipe de Abisinia se publicó en 1759 -el mismo año del Candide , de Voltaire, con el que a veces ha sido comparada- y es no sólo uno de los mejores libros del Doctor, sino uno de los más deliciosos productos literarios del siglo XV