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El hacedor de páginas

Ayer vi en Barcelona a mi amigo Antonio Rabinad. A sus ochenta años -camisa roja, gorra verde- el autor de espléndidos libros como Memento mori, o El hombre indigno, estaba, como cada domingo por la mañana, en su puesto de libros del Mercat de Sant Antoni. Al igual que en otras ocasiones, charlamos un rato de escritura. "Siempre estoy escribiendo algo -me dice-; publicar ya es otra cosa. Pero la cuestión es seguir escribiendo, escribir lo que a uno realmente le gusta y sabe hacer, con independencia de lo que el mercado demande en cada momento..." Estamos de acuerdo. Y añade: "En mi casa tengo una pila de textos mecanografiados que nunca me he preocupado de llevar a ningún editor. Me basta con haberlos escrito. Escribir me hace sentirme vivo." Rabinad, el hacedor de páginas.

Comentarios

  1. Pues hace muy bien. Tiene toda la razón...
    Es la mejor manera, creo yo.

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Nuevo libro

"Este texto es la historia del reencuentro con un autor que me ha acompañado con intermitencias durante cincuenta años, y cuya vida, personalidad y obra literaria me resultan especialmente fascinantes. Pero no es solo eso. En cierta forma Prokosch también es el pretexto para hablar de escritura y libros. Del oficio de escritor. Del éxito y del fracaso. De críticas y rechazos. De realidad y ficción. Del azar. De máscaras. Esto es, de vida y literatura."


Cuando se apaga la luz

"Ningún hombre es listo cuando una mujer apaga la luz".

(Barry Sullivan en Mujer inteligente, 1948, de Edward A. Blatt. Guion de Alvah Bessie y otros).

Diálogo entre un tirano y un poeta en torno a la literatura

-Bueno, a ver, ¿qué haces?
-Perdona, Schiavón, estaba pensando en voz alta.
-No, si por mí, puedes seguir.
-Le daba vueltas a la retórica.
-¿...?
-Es que yo entiendo que la literatura -y creo que todo es literatura- se nutre de tres componentes que, por orden de importancia, son: la retórica, la sensibilidad y la inteligencia.
-Desmenuza, por favor.
-Entiendo por retórica el dominio del lenguaje; por sensibiliodad, la capacidad de sorprenderse y fabular; por inteligencia el saber ordenar lo escrito.
-Arnaldo..., me da la sensación de que todos los que habláis de literatura decís excactamente lo mismo.
-Siempre se dice lo mismo.
-Entonces, ¿por qué estamos perdiendo el tiempo?
-Tú no ganas ni pierdes el tiempo.
-Bueno, era una forma de expresarme.
-Exactamente..., como todo. La literatura es el catálogo de las formas de expresarse.
-Luego... ¿todas las obras dicen lo mismo?
-Se diferencian en el número de palabras que necesitan para decirlo y en el orden que se establece entre ellas.