Serenidad
Además de los inconvenientes de mi situación, se me reservaba una muerte ignominiosa. Pero, ¿y qué? Todos tenemos que morir. Nadie sabe cuándo. Sin duda no es peor enfrentarse a la reina del terror con salud y posibilidad de recurrir a todas las fuerzas que uno tiene, que hacerlo medio vencido ya por la enfermedad y el sufrimiento. Yo estaba decidido al menos a ser dueño de los días que me quedaran por vivir, y eso es algo que está al alcance del hombre que conserva su salud hasta el último momento. ¿Por qué he de consentir que me invadan inútiles pesadumbres? Todo sentimiento de vanidad, o más bien de independencia y justicia en mí, me impulsaba a decir a mi perseguidor: "Puedes quitarme la vida, pero no podrás turbar mi serenidad".
(William Godwin, Las aventuras de Caleb Williams, o Las cosas como son. Traducción de Francisco Torres Oliver, Valdemar, 1996).
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