Ulises bronceado



Ahora que La Odisea de Homero vuelve a estar de moda (¿y cuándo no lo estuvo?) a raíz de la adaptación cinematográfica de Christopher Nolan, traigo a colación la versión en prosa del poema de Frederic Prokosch "Sunburned Ulysses", incluido en su antología Chosen Poems (1947), y que di a conocer hace años en este mismo blog (27-12-08). 

La citada versión se halla incluida en el folleto autoeditado El tigre en reposo. Siete poemas de Frederic Prokosch (Imprenta de Álvarez Díaz, Oviedo 1999).  


ULISES BRONCEADO


Cuando el bronceado Ulises se inclinó sobre las aguas y escuchó a través del chapoteo de las olas aquella música precisa, oyó algo más que el ruido del viento o del agua: Afinando sus oídos pudo escuchar la música profunda, monótona, de los marineros perdidos acercándose a tierra; y las sollozantes e interminables voces de los ahogados elevándose por encima de las tumbas de arena.
Incapaz de captar nada excepto la música, entretejido casi por entero en el sonido de las olas, oyó, emergiendo del soleado letargo de la tarde, diferentes y terribles palabras. Sin embargo, no estando enamorado de nadie, no pudo memorizar ni una palabra o, al menos, nunca lo dijo; endurecido y aislado, con el ansia y el descontento del pájaro que migra cuando la estación llega.
Más negras y hondas que las profundidades de allende Portugal, alguno de nosotros hemos vislumbrado esta roca, esta diosa surgiendo del mar; y mientras lentamente trabajamos por encontrar lo deseado, el espíritu se agudiza al tiempo que los sentidos son vilipendiados. Todos, incluso los rostros taimados y curtidos, son reos de castigo. Aunque no haya muerto, sus ojos son los de un hombre muerto, o un animal muerto.
Cuando Ulises de ojos negros -hombre astuto y de corazón de águila, preparado como estaba para el duro embate, con sus ojos de pájaro y de pájaro también el descontento- escuchó a través del chapoteo de las olas aquella música, entonces comprendió. El sudor impregnó su pecho moreno. Amando lo inalcanzable y lo prohibido, enamorado de la sola mudanza, reconoció la horrible necesidad en la canción de las sirenas; pues él mismo poseía carne para avivar el fuego, y un corazón tan duro como una piedra.




Comentarios

(1)
  1. Abracadabra6/10/26, 23:07

    Me agrada especialmente la siguiente cita:

    "Mientras lentamente trabajamos por encontrar lo deseado, el espíritu se agudiza al tiempo que los sentidos son vilipendiados".

    El ansia por trascender de sí mismo, aunque sea brevemente, ha sido siempre uno de los principales apetitos del alma y supone una auténtica liberación de la triste homogeneización en masa a la que la humanidad ha sido condenada por el avaro comercio materialista y la consiguiente insensibilización emocional.

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