El eclipse


Pronto a producirse el eclipse total de sol, uno de los fenómenos astronómicos más espectaculares que se pueden observar desde nuestro planeta, bueno es recordar otro eclipse total que se pudo ver, también en Asturias, el 30 de agosto de 1905. El escritor ovetense Ramón Pérez de Ayala fue testigo del suceso y le dio categoría protagónica en su primera novela. 

El título completo de dicha novela, sin nombre del autor, es Tinieblas en las cumbres (Historias de libertinaje). Novela póstuma de Plotino Cuevas. Publícala precedida de un Prefacio el R. P. X. S. J. (Librería de Fernando Fé, Madrid, 1907). En la parte de la novela titulada "La jornada" se narra la excursión que un grupo de ociosos de Pilares (Oviedo) decide emprender a Pinares (Pajares), junto a unas prostitutas, con el fin de contemplar el eclipse solar. El día señalado, sin embargo, amanece nuboso. 

Escribe Pérez de Ayala:

De pronto celóse el sol tras espesísimo cortinón de nubes, dejándoles tristes y malhumorados.

-Solo faltaba que después de haber venido aquí se nos nublase en el momento del eclipse -manifestó Jiménez.

Llegado el momento:

La oscuridad no era tal ni tan completa como ellos creían y se hacía esperar después del formidable anuncio y pavoroso principio del eclipse. La tierra estaba como bañada en un claro de luna que, en lugar de ser argentino, fuera de luz verdosa.

Según Andrés Amorós, que preparó la edición de Tinieblas en las cumbres que publicó Clásicos Castalia en 1971, el eclipse supone para el protagonista de la novela, Alberto Díaz de Guzmán, trasunto del propio autor, una crisis de conciencia, un sentimiento de angustia, un sentirse arrojado a un mundo que carece de sentido. Las tinieblas que se extienden por las cumbres de su alma son todo un símbolo existencial.

Símbolos aparte, esperemos que el próximo día 12 el cielo esté libre de "tinieblas".

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