El libro de un ciego
Tengo un libro de Georges Perec que antes de ser mío fue de alguien que se quedó ciego. No recordaba que lo tuviera y, al ir a guardarlo en la caja por la mudanza, he notado la rugosidad de la etiqueta transparente en braille que pegó en la portada -supongo que será el título- y me he imaginado a su dueño acariciando ese libro que ya no podía ver, que tal vez le leyeran su mujer o una hija algunas noches. Hay un cuento muy bueno de Zweig sobre la ceguera -"La colección invisible"-, pero este libro de Perec me ha hecho recordar un relato precioso de César González Ruano -La felicidad en el otro- en el que una pareja mayor se compra un piso en un pueblo costero para disfrutar allí sus últimos años de la vista maravillosa del mar que se ve desde la terraza que es lo que les ha enamorado del lugar. Tiempo después el marido se queda ciego pero cada tarde siguen saliendo a merendar a la terraza y la mujer le va describiendo con todo detalle las espectaculares vistas: la playa, los barcos navegando a lo lejos, el sol acostándose en el horizonte. Nunca le confiesa la verdad: que en el solar frente a su casa han construido un bloque más alto y ahora desde la terraza solo se ve un muro tachonado por las pequeñas ventanas de los cuartos de baño.
Cuando tengo en mis manos este Perec, cuando pienso en los miles de libros que he leído y ahora están cerrados descansando en las estanterías, recuerdo a aquella mujer y pienso en que los libros me han ayudado a ver el mar a través de los muros y de las ventanas estrechas de los cuartos de baño.
(Javier Castro Flórez, Mundo libresco. Newcastle Ediciones, 2025).

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