Cualidades del buen policía



Brigada criminal es el título de una película española que, bajo dirección de Ignacio Ferrés* y estrenada en 1950, cuenta las peripecias de un policía novato en la resolución de un caso que no se le había asignado. En ella aparecen malvados delincuentes, castizos en general, de clavel en la solapa y sonrisa displicente, que al final serán capturados por unos agentes a quienes, a falta de argumentos mejores, se retrata como esencialmente valerosos, sujetos a rutinas antiguas como el delito mismo. (...) Bajo los créditos de entrada, en segundo plano, una secuencia tomada del desarrollo de la película: cinco agentes interrogan a un sospechoso, en una dependencia oscura  y formando en torno a él un cerco asfixiante, derramando preguntas en cascada que el detenido no tiene tiempo de contestar. Podría ser perfectamente Via Laietana, un 30 de noviembre de 1958. El ambiente es denso; las distancias, cortas. Son los tiempos en que para ser policía en España se requieren, según quienes forman a los aspirantes, cinco cualidades básicas: "vocación sin límites" (entre otras razones, porque el servicio es permanente salvo, con suerte, un breve permiso anual, y la jornada carece de límites definidos), "sentido común, voluntad férrea, discreción" y, como colofón a todo lo anterior, una suma equilibrada de "conciencia, rectitud, honradez y buenas costumbres". La excelencia ética, al servicio de la profesión. 

(Enrique Faes Díaz, El agente suizo. Fuga de capitales en la España de Franco. Galaxia Gutenberg, 2025). 

* Más conocido en el mundo del cine como Ignacio F. Iquino. (Nota de J.O.) 


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