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Fuego en la cintura


 

La morena de las trenzas debía tener fuego en la cintura.

Porque sus caderas se movían velozmente al ritmo de las guitarras que tocaban los mariachis a un extremo del pequeño tablado.

Apoyado en la barra, Lewis Wallasch se la comía con los ojos.

Y comenzó a encalabrinarse cuando la mirada de Lupe Rojas se cruzó con la suya como por casualidad.

Luego ella siguió mirándole insistentemente, con intención.

Wallasch pidió un nuevo whisky. Y otro, y otro...

 

(Kellton McIntire, Un año después en Sharon Springs, Producciones Editoriales, 1981). 

Comentarios

  1. Se nota enseguida la gran timidez de Lewis Wallach, pues ante las miradas insistentes de Lupe Rojas, lo natural hubiera sido abordarla directamente o, como mucho, animarse con un whisky, ¡pero sólo con uno! Otra posibilidad es que, irremediablemente, el vaquero prefería el whisky, que tampoco es imposible. Sin descartar que la esposa de Lewis Wallach anduviera por las inmediaciones y esto impidiese a Lewis meterse en camisa de once varas.

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    1. En cualquier caso, encalabrinado debía estar... y mucho.

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  2. Por cierto, leo en la Red que el autor (ni que decir tiene que lo de McIntire era un pseudónimo), además del género del oeste frecuentó el policíaco, el terror y la ciencia-ficción. Un auténtico literato español del XX, todoterreno y pluriempleado.

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  3. Y no es el único. Practicaban todos los géneros y lo que les echasen. Casi siempre con eficacia. Solían pagarles poco.

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