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Entronización de Cervantes en Manila

 José Protasio Rizal Mercado y Alonso Realonda (1861-1896)

 

En 1880 el Liceo Artístico Literario de Manila abrió un certamen para conmemorar el aniversario de la muerte de Cervantes, concediendo "un solo primer premio para peninsulares e indígenas", como se indicaba en las bases del mismo. El jurado lo componían peninsulares. Ante el estupor de algunos de los asistentes al acto, celebrado el 23 de abril, el primer premio -un anillo de oro con el busto del Príncipe de los Ingenios españoles- fue otorgado al mestizo José Rizal, por su texto en prosa El consejo de los dioses. El segundo premio fue a parar a un peninsular. 

El consejo de los dioses es una especie de alegoría en la cual se establece un paralelo entre Homero, Virgilio y Cervantes. Los dioses discuten con vehemencia acerca de los méritos de cada uno de los mencionados escritores. Después de haber pesado en la balanza de la Justicia el Quijote, la Eneida y la Ilíada, Júpiter con su voz tonante pronuncia el veredicto:

"Dioses y diosas: la Justicia cree iguales (a los Autores); doblad, pues, la frente y demos a Homero la trompa, a Virgilio la lira y a Cervantes el lauro; mientras que la Fama publicará por el mundo la sentencia del Destino, y el cantor Apolo entonará un himno al nuevo astro, que desde hoy brillará en el cielo de la gloria y ocupará un asiento en el tiempo de la Inmortalidad."   

O sea: Un joven filipino de 19 años, nacido en Calamba (Luzón), gana el primer premio en un concurso convocado por una de las instituciones culturales más prestigiosas de la capital de la lejana colonia asiática, y lo hace con una composición en la que se atreve a comparar a Cervantes con Homero y Virgilio. Y no solo eso: entroniza al autor de El Quijote en el Olimpo de los escritores (hoy le llamaríamos canon de la literatura occidental) sin que en la metrópoli se enteren de tamaña osadía. Como dice Wenceslao E. Retana en su Vida y escritos del Dr. José Rizal (1907): "De suponer es que esta inspirada apología de Cervantes se haya escapado a la diligencia de muchos bibliógrafos cervantistas."

(Años después, el médico y escritor José Rizal habría de someterse en su país a un consejo de guerra, acusado, entre otras cosas, de sedición y traición. El tribunal militar que lo juzgó lo halló culpable, siendo condenado a la pena de muerte y ejecutado en Manila en 1896. Miguel de Unamuno sacó a relucir la infamia de su fusilamiento en el célebre discurso en el paraninfo de la Universidad de Salamanca el 12 de octubre de 1936. Justo después de la mención, el general Millán-Astray, que estaba presente en la mesa, profirió el conocido exabrupto. Pero esto es otra historia).     


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