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Gas letal


 

El gas sopló directo hacia la colina desde la cual Haber, montado a caballo, dirigía a sus tropas. Fritz se salvó de milagro, pero uno de sus ayudantes no pudo escapar de la nube tóxica; Clara lo vio morir en el suelo, retorciéndose como si hubiera sido invadido por un ejército de hormigas hambrientas. Cuando Haber regresó victorioso de la masacre de Ypres, Clara lo acusó de haber pervertido la ciencia al crear un método para exterminar humanos a escala industrial, pero Fritz la ignoró por completo: para él, la guerra era la guerra y la muerte era la muerte, fuera cual fuera el medio de infligirla. Aprovechó su permiso de dos días para invitar a todos sus amigos a una fiesta que duró hasta la madrugada, al final de la cual su mujer bajó al jardín, se quitó los zapatos y se disparó en el pecho con el revólver de servicio de su marido. Murió desangrada, en los brazos de su hijo de trece años, quien corrió escaleras abajo al escuchar el balazo.

(Benjamín Labatut, Un verdor terrible. Anagrama, 2020).


Addenda. Sobre la esposa de Fritz Haber -las primera mujer en obtener un doctorado en química en una universidad alemana- existe un sugestivo relato ("Clara Immerwahr") en Contra el ruido (Trabe, 2010), de Francisco Alba. 

Comentarios

  1. Bertolt Breton5/3/21, 20:10

    Una vieya cuestión plantegase equí al mio parecer: la Humanidad al servicio de la ciencia o la ciencia al servicio de la Humanidad. Na mio opinión, nesta y otres problematiques tamos dende va tiempu pasando el carru delantre los gües.

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  2. No concibo a la ciencia si no es al servicio global de la humanidad; lo contrario es una anomalía que se ha dado en algunos momentos de la historia, y puede volver a darse, por parte de algunos científicos al servicio de ciertos estados.

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  3. Agradecido, Jorge. Cuando descubrí la historia de Clara Immerwahr me llamó mucho la atención. Es un personaje trágico.

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