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Detrás de Mark Sten

 


Mark Sten tuvo un paso fugaz por la novela del oeste (tan solo dos años, en 1986 y 1987), pero dejó su huella. Los bolsilibros de Sten se publicaron en la colección "Diligencia", de la Editorial Astri de Barcelona. Su nombre no suele figurar entre los autores más conocidos de este subgénero y sus libros no son fáciles de encontrar. Hace poco, sin embargo, tuve la suerte de encontrar uno de ellos: Más allá del terror y la muerte (1986).

Como en casi todos los relatos del "salvaje" oeste en esta obra abundan los tópicos y los pasajes violentos. Hay frases sentenciosas ("Todavía tiras bastante mal. Cada vez que desenfundas, te veo muerto") y algún que otro diálogo romántico entre amantes arrobados:

Ella: ¿Te sientes solo en Walsen City?

Él: Aquí no tengo estrellas que mirar.

Ella: ¿Estás seguro? Mírame a los ojos. 

Pero lo que más me sorprendió fue el carácter de las escenas netamente eróticas. Si en la mayoría de westerns estas situaciones se resuelven de forma convencional e incluso pacata (al menos hasta los años setenta), en la década siguiente tienden a subir de tono y de frecuencia. Mark Sten va mucho más lejos en esta línea que otros colegas. En sus páginas hallamos escenas bastante insólitas en las que mezcla la violencia explícita con toques de erotismo fetichista. Por ejemplo, en Más allá del terror y la muerte el muy villano Billy Wyatt somete a Celeste, la "chica buena", a una sesión atroz, ante la presencia del "chico bueno", Neil Clanton:

Wyatt la abrazó y la besó en la boca con fuerza, cada vez más fuertemente, hasta dejarla casi sin respiración. Le mordió en los labios sin dejar de sujetarla. Y Celeste emitió un gemido. Su labio inferior comenzó a sangrar. Y Billy Wyatt, delicadamente, como si no hubiera sido el autor de la herida, le fue limpiando la sangre con su propia boca, sorbiéndola con delectación.

A continuación Billy obliga a Neil a seguir mirando:

Billy Wyatt le iba desgarrando la ropa, lentamente a tiras. Primero asomó un seno casi infantil, que él se detuvo en acariciar delicadamente en el cuenco de la mano. Luego, siguió desgarrando. Se detenía a acariciar y a besar cada descubrimiento: el otro seno, la tersura del vientre, de los muslos, y por fin, el triángulo rubio de su pubis.

Hasta que la tuvo completamente desnuda. Entonces la tomó en brazos y la tendió en la cama. Dio unos pasos atrás. Celeste tenía los ojos cerrados y estaba inmóvil, como muerta. Neil, en medio de su horror, se quedó fascinado al descubrir el efecto de cómo resplandecía la nacarada y rubia belleza de la mujer sobre la, para él hasta entonces, sábana negra.

Billy Wyatt se tendió junto a ella, vestido de cuero negro. Y la siguió acariciando toda... Y a medida que, de nuevo, se iba excitando, sus caricias eran más agresivas, más brutales. Hasta que, de rodillas sobre el lecho, teniéndola cogida entre sus piernas, comenzó a abofetearla brutalmente. 

No es corriente encontrarse en un par de páginas de una novelita del oeste con estas dosis de  voyeurismo, vampirismo y sado-maso. Paradójicamente, fuera de esta inusitada escena, las mujeres que salen en el libro suelen ser más independientes, decididas y corajudas que los hombres. No en vano detrás del pseudónimo de Mark Sten se esconde una escritora: Teresa March Alcalá.

 

                                                                              Teresa March (1930-2001)

(Foto de contracubierta de Los inocentes, 1978) 

 

Nacida en Barcelona, pertenecía a una familia de escritores. Su hermana mayor era la poeta y narradora Susana March; su cuñado, el novelista Ricardo Fernández de la Reguera; y su marido, el guionista de cine José Germán Huici. (Huici colaboró en algunas de las mejores películas policiacas de la década de los cincuenta y sesenta, entre ellas Distrito Quinto y Un vaso de whisky, ambas del director Julio Coll). 

A mediados de la década de los cincuenta publicó en Bruguera varias novelas románticas con el pseudónimo de Laura Denis (o Síndola Martín, para el mercado hispanoamericano, a partir de la editorial guatemalteca Cronos). Luego, un largo silencio. En una entrevista de Julio Coll en la revista "Blanco y Negro" de diciembre de 1972, March defiende la novela rosa y otros géneros populares y dice estar escribiendo un ensayo titulado "De la novela de boudoir a la foto-novela". Que yo sepa este estudio no llegó a publicarse. Seis años más tarde, sin embargo, Teresa March sorprendería con su primera narración larga, muy apartada en cuanto a temática y estilo de lo que hasta entonces venía escribiendo.       

En 1978 Teresa March publicó, con su nombre, la novela Los inocentes (Editorial Grijalbo), que había logrado el premio "Eulalio Ferrer" del Ateneo de Santander el año anterior. La novela había sido escrita unos años antes pero, por problemas de censura, no había podido editarse. Trata de las vivencias de un grupo de amigos adolescentes, chicos y chicas en Barcelona durante la guerra civil, que, desde una perspectiva republicana, tienden a reflejar los diferentes puntos de vista de los adultos. En los paratextos de Los inocentes se anuncia que es "la historia de unos seres que perdieron la inocencia antes de tiempo a golpes duros de odio y muerte". Pese a algunos defectos en la construcción de los personajes y unos pocos desfallecimientos narrativos, la novela ofrece poderosas secuencias de carácter realista, alcanzando en sus capítulos finales un fuerte y doloroso dramatismo.

Teresa March no volvió a publicar ninguna otra novela larga. Pero entre 1981 y 1987 regresó a la novela de quiosco, primero como Amanda Román escribiendo novelas blancas y, más tarde, en un giro inusual para la época, westerns bajo la firma de Mark Sten. En estos prolíficos siete años publicó casi cincuenta novelas. Después, volvió a enmudecer.   


 

  

Comentarios

  1. Más allá del bien y del mal10/3/21 21:40

    Voyeurismo, vampirismo, sadomasoquismo, violencia explícita y erotismo fetichista son los ingredientes esenciales de un cocktail que nunca hubiera asociado con una novela del oeste al uso. Tarantino, Robert Rodríguez o el propio Lynch encontrarían aquí material de gran valor para sus guiones cinematográficos.

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    Respuestas
    1. Es cierto, me pregunto por qué no adaptaron al cine algunas de sus westerns. Su marido era guionista, tenía contactos... A estas horas posiblemente fueran películas de culto. Sobre todo si las hubiese dirigido, pongamos por caso, Jesús Franco o Amado de Ossorio.

      Eliminar
  2. El bardo manostijeras10/3/21 21:48

    Me encanta el extracto:"diálogo romántico entre amantes arrobados".

    Alguna otra muestra?

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Esta, por ejemplo:

      "-¿Sueñas tú?
      Ahora él rio.
      -Solo soy su empleado. No me lo puedo permitir. Soñaré cuando vuelva a ser un vaquero y duerma bajo el cielo.
      -Es bonito lo que has dicho. ¿Sabes que eres un romántico?. Hace años, yo también lo era."

      Eliminar

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