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Basilio II Bulgaróctono (958-1025)
 

En la correspondencia inédita de Nicéforas Grégoras y, sobre todo, en la "Cronografía" de Miguel Psellos, nos es formalmente aclarado que el emperador bizantino Basilio II no falleció de un empacho de berengenas rellenas, mal aderezadas con bayas de ginebra y salvia (que es lo que hasta ahora se creía). Según parece, la combinación del menú del día resultó tan alegremente irresponsable por parte del cocinero de palacio que provocó en Basilio, hombre de muy mal genio, una ira sorda y reconcentrada, la cual acabó por ocasionarle un rápido flujo de sangre, o infarto de miocardio fulminante, no se sabe con seguridad. Fue en balde sacarlo a tomar el fresco en las terrazas de los jardines colgantes, llenas de distintas algarabías de pájaros exóticos. Basilio II entregó su alma a Dios de cara a la mole sagrada de Santa Sofía y añorando las perfumadas "margaritsas" o sopas de tripa tradicionales que con tanta ternura su madre (la emperatriz) le cocinaba en los raros momentos de exquisita y triste inapetencia. 

(Juan Perucho, "Las sombras bizantinas y el menú". En: Detrás del espejo, Mondadori, 1990).

Comentarios

  1. Los prontos son muy traicioneros, aunque pudo echar una mirada a la cúpula y eso siempre relaja mucho.

    Saludos

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  2. Mala muerte, pero con grandes vistas.
    Saludos.

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