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Excentricidades de Heliogábalo

 


Convidaba muchas veces Heliogábalo a sus truhanes y aun a otros chocarreros, y después de que se asentaban a la mesa hacíales poner panes y carnes y frutas y otros manjares preciosos, y éstos eran no verdaderos para que los pudieran comer, sino pintados en tablas para los poder ver y tocar, y lo que es más, que a cada manjar que les ponían pintado habían de beber y se lavar las manos como si de comer estuvieran sucios. Hizo una vez un convite público en el campo de Marcio para el cual hizo venir ocho hombres calvos, y ocho gotosos, y ocho bizcos, y ocho tuertos, y ocho negros, y ocho gordos, y ocho flacos, y ocho gigantes y ocho enanos; y a los gotosos hacía comer en pie, a los gigantes ponía las mesas bajas, y a los enanos muy altas, y a los tuertos ponía el manjar hacia el ojo tuerto, y a los gordos hacía estando en pie que comiesen en el suelo, y a los negros mandaba que atadas atrás las manos comiesen con las bocas, por manera que a cada convidado le entraba lo que comía en mal provecho. Concertaron él y otros romanos viciosos un género de convite muy monstruoso, y fue que se pusieron seis dellos encima del Capitolio y seis en su palacio y seis en el Monte Celio y seis en la Torre de Adriano y seis tras Tíberin y  seis a la puerta salinaria, y tenían sendas trompetas en las manos y todos comían de un manjar y había de beber de un vino, y a un mesmo tiempo, y entre manjar y manjar habían de lavarse las manos y adulterar con sus amigas; y porque supiesen los unos lo que habían de hacer los otros tocaban entre sí las trompetas e instrumentos.   

(Fray Antonio de Guevara, Década de Césares, 1539).

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