Ir al contenido principal

Fernando Morán




Jorge Ordaz, Francisco Garcia Pérez y Fernando Morán en la presentación de La Perla del Oriente
en el Club Prensa Asturiana (Oviedo, 1-4-1993). (Foto: La Nueva España).


Tras el reciente fallecimiento de Fernando Morán López los medios de comunicación han hecho énfasis, como es natural, en su prominente trayectoria diplomática y política como senador, ex ministro, eurodiputado, embajador, etc. Pero hay una faceta que apenas ha sido resaltada (salvo excepciones, como la de Tino Pertierra en el diario La Nueva España): su labor como escritor y, en particular, como novelista.
Fernando Morán, nacido en Avilés en 1926, publicó a lo largo de cinco décadas un gran número de ensayos sobre diversos temas (literatura, historia, política exterior, etc.) y en los últimos años se dedicó con preferencia a la recopilación de recuerdos y memorias. Sin embargo, su irrupción en el campo de la narrativa de ficción data de 1958 con su primera novela También se muere el mar..., publicada en Argentina por la editorial Losada, a causa de los problemas de censura en España. La obra se inscribe en el marco del realismo social de la época y, en palabras de María Elvira Muñiz, se trata de "una novela testimonial de la generación de la posguerra que, víctima en su infancia del odio de los mayores, busca la reconciliación en un mundo nuevo". Luego publicaría El profeta (Seix Barral, 19ó1), más innovadora tanto temática como técnicamente, y el libro de narraciones Joe Giménez, promotor de ideas (Seix Barral, 1964), Todos estos libros fueron reeditados en la década de los ochenta. Relatos cortos, ambientados muchos de ellos en escenarios africanos, y con indudable trasfondo político, forman el volumen El día en que... (Alfaguara, 1997). (No deja de ser curioso que dos de sus títulos acaben en puntos suspensivos. Es como un rasgo de carácter del autor asturiano, posiblemente ligado al ejercicio de la diplomacia: insinuar más que explicitar; callar antes que errar).
El 1 de abril de 1993 tuvo lugar en Oviedo, en el Club Prensa Asturiana, la presentación de mi novela La Perla del Oriente, que había quedado finalista del Premio Nadal de aquel año. La asociación Tribuna Ciudadana, que colaboraba en la organización del acto, le había pedido a Fernando Morán si quería ser su presentador, junto con Francisco García Pérez, a la sazón coordinador del suplemento "Cultura" de La Nueva España. Fue un honor para mí que aceptara el encargo. Morán, que era todo un caballero, tuvo palabras elogiosas para mi novela, lo que en su momento le agradecí enormemente, y le he seguido agradeciendo desde entonces. Descanse en paz.

Comentarios

  1. Tenés un blog muy interesante
    me gustado encontrarte
    Escribes muy bien abrazo desde Miami

    ResponderEliminar
  2. Muchas gracias por seguirme.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares

Un poema de Raine

    DE MUJER A AMANTE Soy fuego encalmado en agua, una ola que se eleva del abismo. En mis venas la marea atraída por la luna se alza en un árbol de flores esparcidas en espuma de mar.  Soy aire atrapado en una red, el pájaro profético que canta en un cielo reflejado. Soy un sueño antes de la nada, soy una corona de estrellas, soy la forma de morir.   (Kathleen Raine,  Collected Poems 1935-1980 , Allen & Unwin, 1981. Traducción: J.O.)  (Nota: Este blog, como viene siendo habitual en verano, se toma un descanso de aproximadamente un mes. Que pasen un buen y saludable verano.)  

Un milagro de san Salvador de Horta

"Dos casados vizcaínos traxeron desde aquel reino a Horta una hija, que era sorda y muda de nacimiento; y poniéndola a los pies del venerable Fray Salvador, les dixo que estuviesen ocho días en la Iglesia orando a Nuestra Señora, y que después hablaría la muchacha. Pasados quatro días habló, pero en lengua catalana, conformándose con el idioma del territorio en que estaba. Entonces viendo hablar a la muda gritaron todos: Milagro , milagro . Pero sus padres como no entendían aquella lengua estaban descontentos, y levantando la voz decían que ellos no querían, ni pedían, que hablase su hija lengua catalana, sino vizcaína; y fueron a Fray Salvador, que le quitase la lengua catalana y le diese la vizcaína. Él les respondió: Vosotros proseguid la oración de los ocho días, que yo también continuaré la mía . Y cumplidos los ocho días, delante de los muchos que concurrieron a ver la novedad, dixo: Amigo, la Virgen Santísima quiere que la niña hable catalán mientras esté en el reino de Cat

Como un río de corriente oscura y crecida

  Era un panorama extraño. En Barcelona, la habitual multitud nocturna paseaba Rambla abajo entre controles de policía regularmente repartidos, y la habitual bomba que explotaba en algún edificio inacabado (a causa de la huelga de los obreros de la construcción) parecía arrojar desde las calles laterales perqueñas riadas de gente nerviosa a la Rambla. Los carteristas, apaches, sospechosos vendedores ambulantes y relucientes mujeres que normalmente pueden verse en las callejuelas se infiltraban entre las buenas familias burguesas, las brigadas de obreros de rostro endurecido, las tropillas de estudiantes y jóvenes que deambulaban por la ciudad. La multitud se desparramaba lentamente por la Rambla, como un río de corriente oscura y crecida. Apareció un ejército de detectives, de bolsillos abultados, apostados en cada café, vagueando por la Rambla y enganchando, de un modo vengativamente suspicaz, a algunos transeúntes elegidos por alguna singular razón, hasta el punto de que incluso esta