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La gloria inútil

Siempre he pensado que en las letras de los boleros, así como en las de la copla o el tango, se esconden algunos de los versos de amor y desamor más apasionados y memorables de la literatura popular (por no decir de la literatura a secas). Este aspecto o singularidad no se les pasó por alto a estudiosos del tema, como Manuel Vázquez Montalbán en su Crónica sentimental de España, Jorge Luis Borges y Silvina Bullrich en El compadrito o Iris M. Zavala en Bolero: Historia de un amor.
Fijémonos, por ejemplo, en "Lágrimas negras", el famoso bolero-son de Miguel Matamoros:

Sufro la inmensa pena de tu extravío,
siento el dolor profundo de tu partida
y lloro sin que sepas que el llanto mío
tiene lágrimas negras,
tiene lágrimas negras
como mi vida.

O también:

Sutil llegaste a mí,
como la tentación... 
(Frank Domíngez, "Tú me acostumbraste")

Somos un sueño imposible que busca la noche,
para olvidarse del mundo, del tiempo y de todo. 
(Mario Clavell, "Somos")

Contigo aprendí a ver la luz
del otro lado de la luna. 
(Armando Manzanero, "Contigo aprendí")

Para qué quiero otros besos
si tus labios no me quieren ya besar.
(Alberto Domínguez, "Perfidia")

A veces la traducción mejora el original, como en la versión que hizo el poeta Rafael de Penagos de  "Luna de miel", de Mikis Theodorakis:

Nunca sabrás cómo tu alma ha encendido mi noche.  



Hace poco cayó en mis manos un folleto, publicado a mediados de los años cincuenta por Ediciones Bistagne (Barcelona), que recoge los "éxitos en boga" de Lolita Garrido, cantante valenciana de ritmos modernos muy populares en la época, tales como el "Baiao de Ana (negro zumbón)" o "En Pasapoga". En el cancionero se incluye un bolero que no conocía, "Tú eres mi destino", de Carlos Gómez Barrera (no confundir con "You are my destiny", de Paul Anka), cuya letra contiene estos versos:

Tú eres mi destino,
bendito destino,
y si me ofrecieran
riquezas y gloria
renunciando a ti,
sin vacilaciones
yo respondería:
"Prefiero la muerte 
a la gloria inútil
de vivir sin ti."

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