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Apátrida

A la mañana siguiente, 20 de febrero, vino Jacoba a buscarme para reunirnos con Elena y Juan. Elena se encontraba en cama, muy cansada, según nos dijo, con grandes dolores de ovarios. Por este motivo no quería continuar el viaje aquel día. Juan inistía en salir inmediatamente. Llevaba mucho retraso y tenía que estar en fecha próxima en Roma. Se armó la consiguiente discusión entre ellos. Intervine, persuadiendo a Elena de que debía descansar un par de horas más y ponernos en camino. Era una pena que perdiésemos la oportunidad de hacer el viaje en coche y tener que marchar al día siguiente en tren. Por fin, Elena aceptó continuar a primera hora de la tarde.
Juan nos llevó en coche al Consulado francés. La gestión fue más rápida de lo que esperábamos; nos hicieron los visados en seguida. Jacoba era austríaca. Llevaba en España desde los tres años. Tenía solicitada la nacionalidad española, pero aún no se la habían concedido. Fue entonces cuando me enteré de que era apátrida. Su pasaporte consistía en medio pliego de papel de barba, con la fotografía y unos datos de filiación muy superficieles. 

(Esther Armán, Mujeres sin pasaporte. Editorial Quevedo, Madrid, 1968).

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Políticos mejores y peores

P. ¿Queres decir que toda política es un juego sucio y que se la debería dejar en manos de los sinvergüenzas? ¿Te unes a la banda de los que dicen que el mundo sólo de salvará por un cambio del corazón? ¿Es eso?

R. No. Sólo digo que hoy los políticos dependen del apoyo de las masas, y que en consecuencia son representativos del hombre medio de su país y de su tiempo, a veces un poco mejores, a veces algo peores. Si fueran mucho mejores o mucho peores, no tendrían éxito, porque jamás serían aceptados por las masas (...) Esto significa que si estás muy por encima de la media en comprensión y sensibilidad, es probable que no seas capaz de hacer mucho políticamente, en el sentido estricto de la palabra, porque no tardarás en verte obligado a hacer cosas en las que realmente no crees, lo que significa que en la práctica fallarás, pues es imposible hacer bien algo si no se cree totalmente en lo que se está haciendo...

(W. H. Auden, El prolífico y el devorador. Traducción de Horacio Vázquez…

Escribir o no escribir

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