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Xibia colosal


La existencia de algunas especies enormemente grandes de la familia de la xibia en los mares indios y del norte no puede ponerse en duda; y, aunque se hayan hecho narraciones muy exageradas, hay motivos suficentes para creer que tales especies exceden en su tamaño a todas las vistas en las costas europeas. Un naturalista moderno distingue esta tremenda especie con el título de la xibia colosal, y parece muy dispuesto a creer cuanto se ha dicho acerca de sus estragos.
Un navegante del norte, llamado Dens, contó que perdió hace algunos años a tres marineros en los mares de África por la aparición súbita de un monstruo de esta naturaleza. El monstruo embistió al navío cuando, durante una calma, se encontraban limpiando los costados de la embarcación. La xibia colosal agarró con sus brazos a esos tres hombres y los sumergió debajo del agua, sin que pudieran liberarlos, a pesar de sus esfuerzos. En la lucha le cortaron un brazo, tan grueso como un palo de mesana, y las acetábulas, del tamaño de grandes tapas de olla.

(George Shaw, Zoological Lectures delivered at the Royal Institution, 1807. En: Breviario del Kraken, Aventuras Literarias, 2018).      

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Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).