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Ismael

Ilustración de Rockwell Kent para Moby Dick.

Uno de los inicios de novela más famosos es el "Llamadme Ismael", de Moby Dick. Sin duda es un gran comienzo: breve, imperativo y contundente. Solo que el libro no empieza así.
Tras su dedicatoria a Nathaniel Hawthorne Moby Dick empieza con un apartado titulado "ETIMOLOGÍA (Proporcionada por un difunto auxiliar tísico de una escuela primaria)", cuya primera frase es: "Ahora le veo, a aquel pálido auxiliar, raído de traje, corazón, cuerpo y cerebro." Este es el verdadero inicio del libro. Luego viene la desmesurada sección de extractos o "CITAS (Proporcionadas por un sub-subbibliotecario)", que ocupa unas veinte páginas y en la que se contabilizan alrededor de ochenta citas. Por fin aparece el Capítulo I, "Vislumbres", y aquí sí encontramos el célebre comienzo: "Call me Ishmael", que en la mayoría de los casos ha sido traducido al castellano como "Llamadme Ismael".
Con menos frecuencia han optado otros traductores por "Llámame Ismael" o Llámenme Ismael", según piensen que el narrador se dirige a un lector en concreto tuteándole, o a los lectores en general tratándoles de usted. Ambas versiones, gramaticalmente correctas, conservan la contundencia y el carácter imperativo del original e incluso reducen aún más la brevedad de la frase original en inglés, pasando de tres a dos palabras (aunque el número de sílabas sea mayor) cuando lo usual en el traslado de uno a otro idioma es lo contrario.
Por eso me resulta cuando menos chocante la opción elegida por Enrique Pezzoni, autor por otro lado de una excelente versión del clásico de Melville: "Pueden ustedes llamarme Ismael". Francamente, prefiero "Llamadme Ismael". Además, así venía la primera vez que leí Moby Dick, en una edición de  Editorial Juventud de mediados de los años cincuenta en la que no figuraba el nombre del traductor, y ya se sabe que las primeras veces suelen dejar su impronta.
Lo que nunca he acabado de saber es si el "narrador" de la historia de Moby Dick se llama Ismael o  prefiere que lo llamemos Ismael. Y otra cosa, ¿quién es realmente Ismael? 

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FINAL

Cuando el amor solo sea
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Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

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OJOS PRIMITIVOS

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     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

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     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).