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Nueva York, Morand y Vaquero Palacios



Entre 1928 y 1930 el arquitecto y pintor ovetense Joaquín Vaquero Palacios (1900-1998), estuvo varias veces en Nueva York, becado por la Junta de Ampliación de Estudios. Vaquero supo captar el paisaje urbano de la ciudad de los rascacielos, en especial el skyline de Manhattan, con singular contraste y sobriedad. Sus óleos y dibujos neoyorquinos, a lápiz y a tinta china y pincel, pronto llamaron la atención de galeristas, críticos y medios artísticos, hasta el punto de que uno de sus dibujos fue portada del Herald Tribune del 9 de octubre de 1930.




Precisamente en dicho año apareció en Francia el libro New York, del diplomático y escritor Paul Morand. Poco después, salía la primera edición norteamericana de Henry Holt & Co., traducida al inglés por Hamish Miles, con catorce ilustraciones de Vaquero Palacios; y al año siguiente la londinense de William Heinemann, también con las las mismas ilustraciones. Por cierto, esta última edición contiene un error tipográfico en la portada que afecta al nombre de Vaquero: aparece Joquin en vez de Joaquín; un error que no mengua la calidad global de la publicación.   

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Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).