Ir al contenido principal

Joyce y sus lectores


Ramón Pérez de Ayala (1880-1962)

El escritor Ramón Pérez de Ayala escribió sobre James Joyce en un artículo titulado "El pregonero de Joyce", contenido en su libro Principios y finales de la novela (Ed. Taurus, Madrid, 1958). A Pérez de Ayala no le gustaba el autor de Ulises, ni tampoco Antonio Marichalar, su "pregonero" en España.  Marichalar había prologado El artista adolescente, en la primera edición de esta obra publicada por Biblioteca Nueva en 1926, y traducida al castellano por Alfonso Donado (pseudónimo de Dámaso Alonso).
Según afirma Pérez de Ayala en dicho artículo, el mayor número de lectores del Ulysses, cuando salió, pertenecía al "género femenino y de clase distinguida". La explicación que da para tal afirmación es que la curiosidad, sobre todo la malsana, "es cualidad consustantiva con la la naturaleza de la mujer, ya desde el paraíso terrenal". En cuanto a que las lectoras del Ulysses (especialmente en Inglaterra) hayan sido señoras distinguidas y ricas se explica, según el autor de Tigre Juan, porque "los ejemplares de este libro costaron un ojo de la cara, debido a que estaba (y está) prohibida su publicación y perseguida severamente su venta por las autoridades inglesas". A eso se le puede llamar argumento peregrino (por no llamarlo de otra forma).     

Comentarios

  1. Recuerdo que lo leí cuando era una joven estudiante ( pobre) y creo que me intoxiqué porque lo acabé en un fin de semana y no he vuelto a leerlo. Me quedó una empanada mental de campeonato. Por ahora sigo sin tener una opinión clara sobre el Ulises y Joyce.
    saludos.

    ResponderEliminar
  2. Lo mejor es empezar con "Dublineses" y luego seguir probando. Pero si ves que su lectura no te compensa, no pasa nada. Hay mucha, y también buena, literatura que explorar y disfrutar ahí afuera.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares

Un poema de Raine

    DE MUJER A AMANTE Soy fuego encalmado en agua, una ola que se eleva del abismo. En mis venas la marea atraída por la luna se alza en un árbol de flores esparcidas en espuma de mar.  Soy aire atrapado en una red, el pájaro profético que canta en un cielo reflejado. Soy un sueño antes de la nada, soy una corona de estrellas, soy la forma de morir.   (Kathleen Raine,  Collected Poems 1935-1980 , Allen & Unwin, 1981. Traducción: J.O.)  (Nota: Este blog, como viene siendo habitual en verano, se toma un descanso de aproximadamente un mes. Que pasen un buen y saludable verano.)  

Un milagro de san Salvador de Horta

"Dos casados vizcaínos traxeron desde aquel reino a Horta una hija, que era sorda y muda de nacimiento; y poniéndola a los pies del venerable Fray Salvador, les dixo que estuviesen ocho días en la Iglesia orando a Nuestra Señora, y que después hablaría la muchacha. Pasados quatro días habló, pero en lengua catalana, conformándose con el idioma del territorio en que estaba. Entonces viendo hablar a la muda gritaron todos: Milagro , milagro . Pero sus padres como no entendían aquella lengua estaban descontentos, y levantando la voz decían que ellos no querían, ni pedían, que hablase su hija lengua catalana, sino vizcaína; y fueron a Fray Salvador, que le quitase la lengua catalana y le diese la vizcaína. Él les respondió: Vosotros proseguid la oración de los ocho días, que yo también continuaré la mía . Y cumplidos los ocho días, delante de los muchos que concurrieron a ver la novedad, dixo: Amigo, la Virgen Santísima quiere que la niña hable catalán mientras esté en el reino de Cat

Como un río de corriente oscura y crecida

  Era un panorama extraño. En Barcelona, la habitual multitud nocturna paseaba Rambla abajo entre controles de policía regularmente repartidos, y la habitual bomba que explotaba en algún edificio inacabado (a causa de la huelga de los obreros de la construcción) parecía arrojar desde las calles laterales perqueñas riadas de gente nerviosa a la Rambla. Los carteristas, apaches, sospechosos vendedores ambulantes y relucientes mujeres que normalmente pueden verse en las callejuelas se infiltraban entre las buenas familias burguesas, las brigadas de obreros de rostro endurecido, las tropillas de estudiantes y jóvenes que deambulaban por la ciudad. La multitud se desparramaba lentamente por la Rambla, como un río de corriente oscura y crecida. Apareció un ejército de detectives, de bolsillos abultados, apostados en cada café, vagueando por la Rambla y enganchando, de un modo vengativamente suspicaz, a algunos transeúntes elegidos por alguna singular razón, hasta el punto de que incluso esta