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Sombra viviente


Allí, ante los ojos de José, había una sombra que vivía. Ya no yacía como sombra sin substancia sobre la roca. Era una forma real, sólida, que se alzaba como sombrío espectro de las profundidades de la cantera, asomando por el borde como la personificación de la venganza.
La terrible figura siguió ascendiendo hasta aparecer completa, alta y singular, vestida de negro. Era un ser que tenía semejanza humana. Envuelta en negra capa y con sombrero flexible, aquella aparición resultaba espantosa.

(Maxwell Grant, La muerte progresiva. Versión española de G. López Hipkiss. Editorial Molino, 1945).

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