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El dron de Balzac


Desde el punto de vista geográfico la Comedia Humana abarca toda Francia, pero Balzac pone sus mejores focos sobre su capital. París es, en buena parte de sus novelas, no solo el escenario elegido para desarrollar sus historias, sino, como en la serie "Escenas de la vida parisiense", su principal protagonista. Un mismo escenario en el que se mueven diferentes y variopintos personajes. Desde el París canalla y de los bajos fondos hasta el París del lujo y de los palacetes deslumbrantes. Gracias a Balzac la capital francesa adquiere una entidad literaria indiscutible, comparable al Londres de Dickens o al San Petersburgo de Dostoievski.
Sus descripciones urbanas alcanzan un grado de pormenor y de realismo sin parangón en su época (solo Sue y Hugo le siguen la estela). Balzac nos sumerge en este "admirable kaleidoscopio" y "vasto almacén de placeres" que es París y nos cuenta cómo viven, obran y sueñan sus habitantes. Como dijo Carlos Pujol, Balzac "saborea su París, paladea el carácter de sus calles y de sus casas, cataloga a sus moradores, escudriña todos sus ricncones, analiza todos sus detalles y se admira ante sus infinitos contrastes".
En el comienzo de Ferragus, jefe de los devorantes (1833), nouvelle perteneciente a la Historia de los Trece, Balzac parece utilizar un dron para ofrecernos una perspectiva aérea de la ciudad, de sus barrios y de sus calles: "Hay calles honradas y calles jóvenes... Calles más viejas que viudas viejas, calles estimables... ". Sobrevuela la Rue de la Paix, "ancha, una gran calle"; pasa por encima de la plaza de la Bourse en la isla de Saint-Louis, "dicharachera, activa, prostituida"; se detiene momentáneamente en las decrépitas casuchas de dos ventanas de la Travesière-Saint-Honoré, donde "de piso en piso, se encuentran vicios, crímenes, miseria"; sigue por la Rue Pagevin y finalmente se detiene en la vertical de la angosta Rue Soli. Y hace un zum. Aquí es donde un joven acaba de observar cómo una mujer bella y recatada, de la que está enamorado, se dispone a entrar en un inmueble de dudosa reputación. Y empieza la acción.

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Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).