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De pistola a sonajero


Los ojos de Yanis Borzov se posaron un instante en el desnudo y excitante busto de Yeda, pero no se movió.
Ella alzó los brazos, para recibirle en ellos, y volvió a sonreírle turbadoramente.
-Ven, terrestre- pidió, con cálida voz.
El comandante Borzov, en vez de echarse en los aterciopelados brazos de Yeda, extrajo velozmente su pistola de rayos láser y le apuntó al pecho.
-No quisiera tener que utilizar mi arma, Yeda. Por favor, no me obligues. Si veo que intentas algo contra mí, dispararé, te lo advierto.
Yeda se echó a reír.
-¿Crees que yo te dejaría, tonto?
-No puedes impedirme que apriete el gatillo, sólo necesito una fracción de segundo para eso.
-Menos necesito yo para convertir tu pistola en un objeto inofensivo. Me basta con mirarla y... ¡zas!, ya está.
Yanis Borzov se quedó estupefacto.
¡En la mano ya no tenía una pistola de rayos láser!
¡Tenía un sonajero!
¡Con cascabeles y todo!

(Joseph Berna, El planeta encantado. Bruguera, 1980).

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