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Reflexiones en la cocina

Margaret Storm Jameson (1891-1986)

De vez en cuando es conveniente volver la vista hacia atrás y observar cómo ni la gran alegría ni la gran desesperamza nos han dicho nada, absolutamente nada. Tenía yo catorce años cuando nos mudamos a otra casa. Todavía me veo frente a una mesa de la cocina colocada junto a la ventana, cortando yo una rebanada de pan; en aquella cocina tan grande, tan llena de aire y de luz. Afuera oía a los chiquillos que jugaban en un jardín y me inundó una intensa y deleitosa alegría ante la idea de tener que vivir allí, alegría en cierto modo mezclada con el olor del pan fresco que estaba untando de mantequilla, y con la idea de los posibles nuevos amigos. Nada me ponía sobre aviso acerca de la decepción que aquellos muchachos habrían de hacerme sufrir al burlarse de mi asombro. Ni, mientras experimentaba yo la angustia de que de mí se riesen, podía imaginarme -y al propio tiempo sentirme consolada- el momento en que se convertirían en hombres y mujeres ejemplares y de los que nunca llegaría siquiera a saber si vivían  o habían muerto.

(Storm Jameson, El diario de Mary Hervey Russell. Traducción de Mariano de Alarcón. Editorial Sudamericana, 1947)

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Un poema de Raine

    DE MUJER A AMANTE Soy fuego encalmado en agua, una ola que se eleva del abismo. En mis venas la marea atraída por la luna se alza en un árbol de flores esparcidas en espuma de mar.  Soy aire atrapado en una red, el pájaro profético que canta en un cielo reflejado. Soy un sueño antes de la nada, soy una corona de estrellas, soy la forma de morir.   (Kathleen Raine,  Collected Poems 1935-1980 , Allen & Unwin, 1981. Traducción: J.O.)  (Nota: Este blog, como viene siendo habitual en verano, se toma un descanso de aproximadamente un mes. Que pasen un buen y saludable verano.)  

Un milagro de san Salvador de Horta

"Dos casados vizcaínos traxeron desde aquel reino a Horta una hija, que era sorda y muda de nacimiento; y poniéndola a los pies del venerable Fray Salvador, les dixo que estuviesen ocho días en la Iglesia orando a Nuestra Señora, y que después hablaría la muchacha. Pasados quatro días habló, pero en lengua catalana, conformándose con el idioma del territorio en que estaba. Entonces viendo hablar a la muda gritaron todos: Milagro , milagro . Pero sus padres como no entendían aquella lengua estaban descontentos, y levantando la voz decían que ellos no querían, ni pedían, que hablase su hija lengua catalana, sino vizcaína; y fueron a Fray Salvador, que le quitase la lengua catalana y le diese la vizcaína. Él les respondió: Vosotros proseguid la oración de los ocho días, que yo también continuaré la mía . Y cumplidos los ocho días, delante de los muchos que concurrieron a ver la novedad, dixo: Amigo, la Virgen Santísima quiere que la niña hable catalán mientras esté en el reino de Cat

Como un río de corriente oscura y crecida

  Era un panorama extraño. En Barcelona, la habitual multitud nocturna paseaba Rambla abajo entre controles de policía regularmente repartidos, y la habitual bomba que explotaba en algún edificio inacabado (a causa de la huelga de los obreros de la construcción) parecía arrojar desde las calles laterales perqueñas riadas de gente nerviosa a la Rambla. Los carteristas, apaches, sospechosos vendedores ambulantes y relucientes mujeres que normalmente pueden verse en las callejuelas se infiltraban entre las buenas familias burguesas, las brigadas de obreros de rostro endurecido, las tropillas de estudiantes y jóvenes que deambulaban por la ciudad. La multitud se desparramaba lentamente por la Rambla, como un río de corriente oscura y crecida. Apareció un ejército de detectives, de bolsillos abultados, apostados en cada café, vagueando por la Rambla y enganchando, de un modo vengativamente suspicaz, a algunos transeúntes elegidos por alguna singular razón, hasta el punto de que incluso esta